Navegando la muralla de los dragones

Más de dos horas inmóvil, rodeado de espectaculares islotes cársticos con más de veinte millones de años de admiración acumulada, sentado en medio de la alucinante Bahía de Ha Long tras el amanecer, una de las siete maravillas naturales de mundo, y yo no podía dejar de mirarle, a ella.

NUESTRO barco anclado en medio de una pequeña bahía, unas encerradas dentro de otras, como una matrioska de bahías, dentro de la más famosa del mundo. Las chicas me habían abandonado para volver al camarote, tras despertar todos a las 5.30 am, dispuestos a admirar el amanecer que todo el mundo quiere ver al llegar a Vietnam, pero éste se vio opacado por las nubes. Aún así, yo me quedé varado en la cubierta, hechizado por el ciego amanecer y extasiado por la música, durante horas.

Hasta que ella llamó mi atención, imposible no hacerlo, su movimiento venía a romper toda la quietud que me rodeaba. Pero aportaba más calma, si era posible, a la escena. Una madre remando parsimoniosamente un pequeño bote, convertido en un ultramarinos de los de barrio de toda la vida, un almacén flotante recorriendo lentamente todas las casas, también flotantes, que rodeaban nuestra embarcación, ofreciendo todo tipo de productos. Su presencia iba insuflando vida a la aletargada bahía, al romper con sus ondas el reflejo marino de cada hogar, se encendía la actividad dentro de éstos. Y mientras la madre guiaba, ella observaba todo en calma, mimetizándose con el paisaje y el deslizar de la barca. Esa calma que le rodeaba es lo que llamó mi atención, lo que mantuvo mi mente ocupada y admirada. Esa niña, de no más de cinco años, transmitía una paz envidiable, esa paz que nuestra sociedad ha perdido. El tener que esperar siempre algo, el tener que estar siempre ocupados, la inmediatez, que nos hace perder todo tipo de concentración o nos hace huir de nosotros mismos… Ella sólo observaba desde la proa, sin prisa, sin estrés, sin ningún ansia que le dominase, a gusto consigo misma, saboreando segundo a segundo, sin preguntarse por el siguiente o lamentarse por el anterior. Y aunque parezca tonto, eso me fascinaba y se ha convertido en mi recuerdo más vívido de la bahía…

Se dice que las mayores estafas de todo el sudeste asiático se dan en los tours a la Bahía de Ha Long, así que optamos por trasladarnos casi hasta el corazón de la misma para contratar nuestro barco. Sabiendo que desde Ha Noi o Ha Long se tienen muchas posibilidades de tener problemas, fuimos directamente hasta la isla de Cat Ba; bus de Tam Coc a Haipong y luego barco hasta la ciudad de Cat Ba. Habíamos escuchado que allí se pueden contratar tours de más confianza y hasta más baratos. Además, no accedes directamente a la bahía de Ha Long, ya que desde aquí se sale a la bahía de Lan Ha, un poco más al sur. Es lo mismo que Ha Long, sólo que con mucha menos gente y con las aguas más limpias… Dedicamos el tiempo necesario a preguntar e informarnos, hasta que nos decantamos por Holiday View Hotel, que nos ofrecía un barco privado para los seis, durante dos días y una noche, con todas las comidas incluidas y dejándonos en Ha Long City, como nosotros queríamos. Todo por 70€/persona, un desayuno gratis la mañana antes de zarpar y lo mejor, un perrito taaaan majo. Vamos, a mí me convenció el perro.

Una vez hechos los deberes, ya pudimos relajarnos y disfrutar un poco de la isla. Aunque por falta de tiempo, si queríamos llegar a ver el norte del país, sólo pasamos un día en ella, pero creo que vale la pena pasar algún día más. Emma se quedó descansando, tratando de recuperarse de algunos malos síntomas, Ana tuvo su tarde introspectiva y el resto nos fuimos a jugar a volley playa y brindar por los días que estaban por venir.

Intentamos cenar pescado, pero el conflicto internacional con los menús desembocó en que algunos acabamos cenando kebab. A veces es tan fácil entenderse y otras tan difícil… (ojo a la mierda de frase que me ha salido, como decir nada con arte, ¿eh?) Compramos algunas cervezas y tonterías varias para el barco y nos fuimos pronto a dormir (previo descubrimiento de “La mirada al infinito”, una cualidad mía, aún por pulir).

Ha Long significa “dragón descendente”, así que para los vietnamitas es, Vịnh Hạ Long, la Bahia del dragón descendente. Cuenta la leyenda que durante el gobierno del Emperador de Jade, viéndose el imperio asediado por los chinos, éste invocó a una familia de dragones celestiales para ayudarle a defender su tierra. En vez de fuego estos dragones escupían joyas y jade que, en contacto con el agua, se convirtieron en islotes y formaron una gran muralla protectora ante el enemigo. Poco después, tras expulsar a los invasores, se fundaría el país de Vietnam, donde los dragones se quedaron a vivir, en forma humana, para ayudar a la construcción del mismo.

Amanecimos muy pronto, dispuestos a navegar filtrándonos por los huecos de esta maravillosa muralla petrificada, de más de 3.000 islas e islotes. El día anterior pedimos a la agencia salir media hora antes para ser los primeros en levar anclas, y la jugada salió bastante bien. Zarpamos antes que nadie y eso repercutió en que fuimos los primeros en llegar a todos los lugares. Para empezar, la Monkey Island. No es que en ella puedas beber grog, enfrentarte a LeChuck o ganar una pelea de insultos, pero al menos, desde sus alturas, puedes hacerte una buena idea del paisaje que te rodea. ¿Monos? Sí, los ves, te reciben en la playa, con su cara de pocos amigos. Aunque nuestra teoría es que, en cuanto se acerca un bote con turistas, los sueltan por la playa para hacer un poco el paripé. Yo hubiese preferido una Goat Island o Turtle Island, hubiese sido más divertido, pero esta gente no sabe entender al turista occidental…

Levamos anclas y navegamos adentrándonos en una zona con mayor densidad de columnas calizas, buscando un lugar donde parar, ya que íbamos a navegar entre ellas de manera más íntima, en kayak. ¡Y me encantó la experiencia!, creo que a todos. Remar rodeado de esos altísimos dedos cársticos recubiertos de selva, a tu ritmo, parar en sus solitarias playas, helarte con el agua que salpica tu compañera de embarcación, entrar de nuevo en calor meándote encima o tirarte un eructo que retumbe con eco entre los muros de esta muralla natural (¡lo tengo en GoPro!), es una experiencia única. Y encima, tras dos horas de surcar las aguas, al regresar a NUESTRO barco (¡maldita sea, no le pusimos nombre! Somos unos desalmados…) nos encontramos la comida casi servida. A veces da ganas de creer en Dios… luego me vuelve el riego sanguíneo al cerebro.

Tras la comida y la consecuente digestión (por si hay alguna madre que lea este blog, se quede tranquila), nos dimos un chapuzón en las heladas aguas. Aunque a ratos, más que un simple baño, parecía una competición de salto olímpico, que la temperatura y la falta de sol dejaron en solo unos minutos de retozar en el agua, imposible aguantar más. Mis cojones no podían esconderse más dentro de mi cuerpo, se hicieron fuertes entre el pulmón izquierdo y el instestino grueso, un huequito muy caliente, y luego no había quien los sacase de ahí. Los pobres estaban asustados, son muy delicados, no están acostumbrados a los rudos cambios de temperatura. No vivían algo así desde los fríos inviernos de Berlín… Tras entrar en calor, ya sólo quedaba relajarse y disfrutar del trayecto con unas cervecitas, antes de llegar a la bahía donde nos cobijaríamos para pasar la noche. De nuevo una riquísima cena, algo de música, darle un poco de caña al hula-hoop y a dormir no muy tarde. De hecho el capitán se retiró prontísimo a dormir y nos dejó con su hijo en un rincón del barco, elaborando jarrones de plástico. De lo más hortera que he visto en mi vida.

Como ya he comentado antes, un aborto de amanecer, que algunas disfrutaron con unas horas más de sueño y otros cantando en la cubierta. Tras el desayuno, reanudamos la marcha, rumbo a la bahía de Ha Long. Muy recalcable y recomendable, es que en la bahía de Lan Ha apenas vimos dos o tres barcos más, que pudimos hacer kayak en solitario y la tranquilidad nos acompañó durante toda su visita. Entrar en la bahía principal se notó, encuentras otros barcos por el camino y cuando llegamos a la zona de kayak, no era lo mismo. Zona muy bonita, en la que puedes navegar a través de cuevas que desembocan en otros valles acuáticos, fondos repletos de coral y erizos marinos… pero la soledad del día anterior, no tiene precio. El remate fue cuando llegó un Party Boat a la zona, barcos enormes, llenos de gente bebiendo, gritando y con la música a todo trapo, que arruinan cualquier ambiente. Sobre todo en un lugar como ese, donde el discurrir de la niebla entre las islas te envuelve e hipnotiza, hasta que la estridente música electrónica vietnamita te saca del trance. Cuando sea dictador mundial, serán prohibidos este tipo de barcos y todo el que haya viajado en uno, deberá dedicar siete meses de su vida a trabajos comunitarios, para reparar de algún modo el daño causado.

Tras acabar con el kayak, pedimos al capitán alejarnos del Party Boat para comer en paz y luego ya enfilamos hacia Ha Long City, donde buscamos el primer bus hacia Ha Noi. Al grupo le quedaban las horas contadas…

Si yo tuviera un blog de viajes donde poder recomendar cosas a otros viajeros, recomendaría contratar el tour a Ha Long desde Cat Ba (pasando algunos días en la isla, si se tiene tiempo). Y la empresa que nosotros utilizamos estuvo muy bien, Holiday View Hotel, trato muy bueno (la encargada de vendernos el tour se convirtió en la nueva mejor amiga vietnamita de Elena), comida muy rica y pese a tener un malentendido con la hora de llegada, todo fue muy bien. También recomendaría no salir de la bahía de Lan Ha. No hace falta ir a Ha Long, su vecina es igual de bonita, pero más vacía y limpia. Y eso… que se ha quedado buena tarde, ¿no?

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3 comentarios en “Navegando la muralla de los dragones

  1. Encarna

    Me tienes enganchada al blog. Si yo me lo paso genial leyéndolo, pienso Cómo lo pasarás tú.
    Por cierto, escribes muy bien!!!!!. No se te da nada mal
    Sigue escribiendo y disfruta de lo que te queda de éste viaje.

    Me gusta

  2. Pingback: Cat Ba: Puerta de maravilla del mundo de Vietnam - Salir Al Mundo

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