Tontás XVIII

Ahora mismo me encuentro en Baños, a los pies del volcán Tungurahua. Que no es que esté activo, es que saca una columna de humo de más de 2 kilómetros. He subido una colina, para poder verlo mejor y fuera de la ciudad se notan pequeños movimientos de tierra. También se oyen explosiones y luego puedes ver bolas de humo subiendo hacia el cielo (estaría bien que subiesen hacia el suelo, vaya coletilla de frase más estúpida).  ¿Por fin ha llegado el momento de mi muerte? Un poco decepcionante, esperaba que fuese una paliza de pandilleros, por alguna cosa que dijese. Mañana quiero hacer algún trekking que me lleve bien alto y poder verlo mejor, hoy estaba algo nublado. En fin, aqui varias noticias:

http://www.andes.info.ec/es/noticias/declaran-alerta-naranja-zonas-aledanas-volcan-tungurahua.html
http://www.elcomercio.com/actualidad/volcan-tungurahua-ceniza-actividad-sismica.html

Llegué al Amazonas, pero tras estar dos días allí, no conseguí ninguna expedición que entrase de verdad en la jungla. Sólo me ofrecieron entrar un poco en la selva, algo que hice yo por mí mismo sin tener que pagar. Así que probaré en el norte, que se adentran mucho más en la selva y es más barato. De momento he encontrado hasta 200 dólares, por estar 4 días, tengo que pensarlo y regatear una vez en Quito…

Puyo, la frontera con la Amazonia
Puyo, la frontera con la Amazonia

1. Los peruanos y ecuatorianos desayunan muy pronto, entre las 6 y las 7. Pero lo que me alucina, es lo que desayunan. Se meten entre pecho y espalda (que expresión taaaan castiza) una sopa, un zumo y un plato de arroz con pollo. A las 6, ¿estamos locos? Yo lo intenté un día, que me dirigí al mercado bien decididó a probarlo, antes de la excursión a Gocta. Entramos con Juliet en el mercado y al ver y oler todo aquello, salimos corriendo. Por favor, las 6 de la mañana… También me ha pasado alguna vez, que mientras yo me desayuno el zumo con tostadas o similar, se están bebiendo a mi lado un buen litro de cerveza. A eso de las 8 de la mañana y no una o dos veces.

2. Aquí, en Ecuador el equipo más famosos de fútbol se llama Barcelona y es de Guayaquil. Pero no sólo tiene el mismo nombre, también el mismo escudo y equipación del original.

E

3.  Nombres que me he encontrado en la última semana: Hitler (conducía mi bus), Galaxy, Cúcumber (con acento), Washington o Byron. Molan, ¿eh? Yo llamaría a mi hija, Galaxy Hitler.

4. En los buses te encuentras cualquier cosa, además de conductores con nombres de dictadores. Suben a vender multitud de cosas, casi como en el tren de las afueras de Buenos Aires. Me encontré con un álter ego de Pedro Piqueras (por cierto, ¿de verdad han echado a Hilario PIno por unas imágenes de Soraya Sáez?). Este vendedor, ataviado con una bata de médico, narraba las noticias como si de grandes catastrofes se trataran. “Entérese de la espeluznante tragedia que ha sufrido una familia de Cuenca…”. También nos ha acompañado un vendedor de  medicamentos. Vendía pastillas para proteger el hígado y contra la impotencia, todo en una, que el mismo probó allí mismo. 30 minutos de discurso, con gráficos y alusiones a Jesucristo. Eso es un visitador médico decente y no lo que nos encontramos en Europa. Visitar consultas médicas y farmacias, menudas tonterías hay que aguantar…

5. Tanto en Perú como en Ecuador existen las Chifas. Es una mezcla rara entre un restaurante chino y uno ecuatorian/peruano. Pero son más caros que los otros restaurantes y ninguno es regentado por chinos. Pueder comer de primero Wan-tan frito y de segundo ceviche.

6. Para acabar, explicar mi experiencia de autostopista, hasta el momento, en Ecuador. He tenido historias contradictorias que me han explicado, unos viajeros me han dicho que no es seguro y otros que es muy fácil y seguro… Así que volviendo del parque nacional Cajas, como total teníamos que parar el bus en plena carretera. Decidí probar suerte y sacar el dedo a pasear (that’s what she said). Ni 30 segundos, el primer coche para y nos lleva hasta Cuenca. Y ya en Riobamba, me dirigía a la estación de buses, para ir hacia Baños. Pero escuché a unos señores que estaban cargando una camioneta, que iban a Puyo. Así que les pregunté si me podían llevar y acabé viajando en una camioneta de televisiones, dirección a la selva.

Hoy monográfico musical de Zero 7:


En el momento adEcuador

Días movidos, de un lado para otro y de repente, aparecí en plena selva Amazónica. Es lo que tiene cuando el autostop funciona, no sabes dónde vas a acabar el día.

Pasé dos días en Máncora, una de las mejores zonas para hacer surf, del mundo. Me gustó caminar kilómetros por la arena, para llegar a sitios dónde no había nadie, sólo enormes pajarracos marinos. Pero me cansó un poco la cantidad de fiesta que había en el pueblo y los precios. Estoy aprendiendo que para ser surfista, primero hay que ser rico, pues todas las zonas aptas para su práctica, tienen unos precios desorbitados.

Atardecer en Máncora
Atardecer en Máncora

Así que en vez de gastar otra noche en Máncora, cogí un bus nocturno para cruzar la frontera hacia Ecuador, dirección Cuenca. En el bus conocí a Luis, un forestal de Guatemala, con el que pasaría los dos siguientes días. Llegamos sobre las seis de la mañana y antes que nada, nos dedicamos a buscar un sitio dónde ingerir algo caliente. Pues dejamos la cálida costa, para encontrarnos de nuevo en las alturas de los Andes, así que con nuestros pantalones cortos, no era la mejor hora para lucir piernas. Como siempre, la mejor solución fue dirigirnos al mercado (todos abren súper pronto). Ese chocolate caliente y la empanada de queso, me dieron la vida.

Luego la típica ronda por todos los hostales o posadas (que de la TIerra Media suena), hasta encontrar el más conveniente. Y tras dejar las maletas salimos rápidos para coger el bus al Parque Nacional Cajas. Pero de nuevo, tontos de nosotros, no preguntamos a qué altura estaba ese parque. Bueno, pues a más de 3.000 metros. Así que al vernos aparecer en pantalones cortos, sin chubasquero ni comida, sólo nos permitieron hacer el trekking más corto. Pues resulta que es un parque bastante peligroso, con niebla constante y lluvia casi todos los días. Muchos excursionistas se han perdido y muerto.

Parque Nacional Cajas
Parque Nacional Cajas

El resto del tiempo en Cuenca, lo dedicamos a pasear y visitar algún museo. Es una ciudad facilmente caminable y de herencia colonial. Todo el centro es empedrado y con edificios coloniales. Además, un río cruza la ciudad y crea una zona verde muy agradable y bonita de pasear.

Cuenca
Cuenca

Hay que decir que Ecuador, hasta el momento, ha sido una bendición para mí. De repente el ambiente es menos estresante y la gente mucho más calmada y no tan volcada al turismo. Las calles no están tan llenas de gente y sobre todo taxis. Los taxis no tocan la bocina en cada esquina o al cruzarse con cualquier persona, no sabeis lo que eso significa… Además, aquí todos los Parques Nacionales y las iglesias, ¡son gratis! Estaba harto de pagar por todo. Durante todo el viaje, me he negado a entrar a iglesias, si tenía que pagar. Simplemente, si me interesaba mucho, me acercaba a la hora de la misa (siempre es entrada gratuita) y sino, le daban por el culo. Y por último, por fin encontré cerveza buena. La cerveza en Bolivia y Perú es muy mala y muy cara, así que al investigar y ver que había un bar con cerveza casera, no lo dudamos.

Con Luis, probando la cerveza casera de Cuenca. No hay duda de quién la tiene más grande...
Con Luis, probando la cerveza casera de Cuenca. No hay duda de quién la tiene más grande…

Apenas un par de días en Cuenca y salí dirección a la selva amazónica, para intentar hacer una expedición a su interior. Pero antes, una pequeña parada en Riobamba, para encontrarme con Oliver, que también está por Ecuador.

Casi tres años después de vernos por última vez en Barcelona
Casi tres años después de vernos por última vez en Barcelona

Un par de cervezas, ponernos al día y él se va con la intención de subir el Chimborazo y yo de adentrarme en la selva.

Hoy algo de música de pianos y cuerdas:

Chachapoyas II, Amazonas

Creo que lo mejor de Chachapoyas, es la falta de turistas. Hay. Y cada año, más. Pero el turismo no empezó hasta hace diez años, siendo aún una zona bastante desconocida. El año pasado, tuvieron 30.000 visitantes. Por eso la visita a Kuélap se hace tan especial, pues estás casi solo entre las ruinas. Y lo mismo para la excursión que hicimos a la selva, para ver la catarata Gocta. Se trata de la tercera catarata más alta del mundo, pero fue “descubierta” al mundo, en 2006.

Salimos muy pronto en una combi, Juliet, yo y peruanos que iban a trabajar. Nos dejó en medio de la carretera y nos señalaron una pista de tierra. Subimos por esta “carretera” durante casi hora y media, hasta llegar a Cocachimba. Y cuando digo subir, es todo el rato ascendiendo. Salimos abrigados, por ser muy temprano, pero a las 8 ya íbamos en pantalones y manga corta, la humedad es brutal. Una vez en Cocachimba pagas una entrada (sólo dejan entrar a 100 personas al día, pero ni de coña cubren el cupo) y emprendes camino. La mayoría de gente hace el camino a caballo, porque realmente te destroza las piernas. Pero, la verdad, es que no te das cuenta hasta que subes al transporte de regreso, pues vas embobado por el paisaje. El camino empieza siguiendo la parte más alta de un valle durante casi una hora.

Rodeando el valle por las alturas
Rodeando el valle por las alturas

Hasta que de repente, ves a lo lejos la catarata.

Acercándonos a la catarata Gocta
Acercándonos a la catarata Gocta

A partir de ahí todo se convierte en un sube y baja constante, pero en el que poco a poco vas descendiendo, hasta llegar a la base del valle (se bajan casi 1.000 metros, que luego hay que volver a subir), donde ya entrás en zona de selva. Nos advirtieron que en la zona se pueden ver monos. Escuchamos sonidos que perfectamente podian serlo, pero no vimos ninguno. Sí que vimos cacatuas, loros y muchos colibrís (es una zona con varias especies de colibrís, hay muchos). Una vez abajo, el paisaje es brutal y muy distinto a la parte alta. Todos los árboles están cubiertos de moho, hay cientos de lianas colgando por todas partes y los árboles y palmeras tienen más de veinte metros de altura.

La parte baja del valle, la selva
La parte baja del valle, la selva

Y siguiendo el camino que se abre paso entre toda la vegetación acabas en un punto donde el valle se cierra, siendo el final, la catarata.

Segundo salto de la catarata Gocta
Segundo salto de la catarata Gocta

Son 771 metros de altura, dividido en dos saltos; uno de 231 metros y el otro de 540. Cuando estás al pie del chorro, no llega tanta agua como te podrías esperar, pues mucha sale volando antes de llegar a completar la caída. Por eso, muchos metros antes de llegar a la catarata, te vas mojando.

A los pies de la catarata
A los pies de la catarata

La vuelta fue un poco más accidentada, pues tuvimos todo el rato una lluvia torrencial, que nos dejó bien calados. Nuestra idea era llegar al pueblo y bajar de nuevo hasta la carretera, para hacer autostop hasta el “chacha”. Pero debido a las inclemencias climáticas, acabamos entrando en los bares y restaurantes de Cocachimba, pidiendo si alguien tenía espacio en su vehículo (jijijijiji, he dicho vehí ¬¬) hacia Chachapoyas. Al final conseguimos que nos llevaran por 10 soles, que comparados con los 50 que costaba que te trajera una agencia, está muy bien.

El final del valle, visto desde la catarata
El final del valle, visto desde la catarata

Esa noche nos fuimos a beber alguna cerveza, que ¡hacia más de diez días que no me bebía ninguna! Y es que no soy muy fan de la cerveza en Perú y Bolivia. Son muy aguadas y comparándolas con todo lo demás, muy caras. Además viniendo de Argentina y Chile, donde casi sólo bebía cervezas caseras…

Algo muy bueno, pero freak

http://cheetosmagazine.bandcamp.com/track/naughty-boy

Chachapoyas I, la cultura

Una de las visitas que más ganas tenía de hacer en Perú, era a la zona conocida, por los peruanos, como: Chacha. Y es que esta zona fue habitada por una cultura preincaica, más que interesante. De todos los pueblos conquistados por el imperio Inca, los Chachapoyas fue el más difícil de derrotar. Llegando a escapar parte del pueblo y refugiarse en zonas de difícil acceso, evitando caer todos bajo el imperio. Los incas llegarían a lamentarlo más adelante.

En el bus de camino, conocí a Juliet, una antropóloga francesa, con la que compartiría los días siguientes, descubriendo toda la zona. Nos hicimos amigos viendo en el bus la película, “Mi nombre es Khan”. Se supone que es un drama e historia de superación, pero es tan exagerada y americana, que no podíamos parar de reirnos del autista musulman que protagoniza la historia y de las desgracias que le pasan. Y es que esta película, en cuanto a absurdo desintencionado, está a la altura de “La liga de los hombres extraodinarios” o “Druidas” (con el doblaje de Inés Sastre…).

Las murallas de Kuélap
Las murallas de Kuélap

El nombre de Chachapoyas tiene dos significados, “Hombres de la niebla” (en quechua) o “Montañas de la niebla” (en lengua chachapoya). Y es que esta zona del actual Perú, está enclavada en medio de altísimos valles selváticos, donde la niebla siempre domina las cumbres. Y tal como hicieran los incas, todas las construcciones están en lo alto de las montañas.

Visitamos la ciudad de Kuélap o Kuelapé. Se trata de unas ruinas muy poco conocidas, pero es el emplazamiento arqueológico (de fácil acceso) más importante de Sudamerica, tras el Machu Picchu,. Esta enorme ciudad está justo en la cima de una cordillera de 3.000 metros y rodeada por murallas de más de veinte metros de altura. Era tan inexpugnable, que el ejército inca, tras asediarla un tiempo, la única solución que encontro, fue quemarla, con quien hubiese dentro. Ahora mismo todavía conserva casi todas las construcciones de piedra intactas, salvo por la invasión de la fauna. Existen otras ciudades mucho más grandes, pero de muy difícil o caro acceso. Yo pregunté para realizar un trekking de cuatro días hasta el Gran Pajatén, una ciudad en medio de la selva, de 20.000 metros cuadrados. Pero costaba unos 70 euros/día…

La ciudad invadida por la vegetación
La ciudad invadida por la vegetación

Pese a sus grandes construcciones, posiblemente lo más impresionante de los Chachapoyas, es el misterio de su orgien. Y es que este pueblo era alto, de piel blanca, pelo y barba rubios… Existen tres teorías sobre su origen: Uno es que descienden de los fenicios, que en época romana llegaron hasta costas brasileñas y acabaron instalándose aquí.  Otra teoría dice que fueron los celtas los que llegaron hasta aquí. Las construcciones de ambos pueblos son de forma circular, únicos en Sudamérica. La última teoría habla de ascendencia noruega. Se han hecho varios estudios genéticos en la zona y parecen coincidir bastante, con el pueblo nórdico. Lo que si está muy claro, es que Colón fue el último en llegar, pero que manejó muy bien el marketing.

Vistas desde Kuélap
Vistas desde Kuélap

Así como muchos pueblos andinos, los Chachapoyas tenían una idea de trabajo común y de beneficios para todos. Y, como los chimu, tenían mujeres líderes (es posible que existiese contacto entre los dos pueblos, al huir los moche a la cordillera). Acabarían ayudando a los españoles, a acabar con el imperio inca, con la promesa de librarse de ellos. Pues no se esperaban que el sometimiento posterior fuese a ser mayor.

Juliet y nuestro guía, Amado, en Kuélap
Juliet y nuestro guía, Amado, en Kuélap

Canciones para viajar mirando por la ventana y ver pasar paisajes y pensamientos… Si es que cuando me pongo, soy un puto poeta, que vomita buena mierda artística, ¿eh?

Valle del Moche

Me acabo de comer un kilo de mandarinas, sólo comentar eso para empezar…

Los últimos días no he parado de moverme y he estado por la zona amazónica peruana, lo que me ha privado de internet, así que toca ponerse al día con varios posts.

Tras escapar de Lima, fui a Trujillo, en el valle del Moche. Es una ciudad con un centro colonial agradable y todos los edifcios de no más de dos pisos.  Pero lo más importante, es que fue el centro de dos de las culturas preincas más importantes, los Moche y los Chimú. Pero antes de ponerme a visitar, tuve que hacerme una terapia musical. Y es que las grandes ciudades de Perú, me dejan enfadado y de mal humor (me ha pasado en Chiclayo, también). Son ciudades que olvidan sus raices, se occidentalizan en demasía y todo el mundo intenta exprimirte y engañarte. Al llegar a Trujillo dediqué mi primer día a relajarme y pasear horas por sus calles, escuchando música que me trae buenos recuerdos o me me ayuda a relajar mi humor.  Para así poder empezar a conocer, al día siguiente.

Plaza de armas de Trujillo
Plaza de armas de Trujillo

La cultura chimu desciende de los moche, pero tras un episodio climático del “niño”, en el 700 d.C. abandonaron la costa debido a una gran sequía. Se estima que esta sequía duró unos 40 años. Se fueron a la cordillera y allí estuvieron unos cien años, hasta que regresaron a la costa. Pero no volvieron a su antigua ciudad, sino que construyeron al lado una todavía mayor y se les empezó a conocer como los chimu. Éstos llegaron a abarcar toda la costa norte del Perú, llegando a Ecuador, hasta que fueron conquistados por los Incas.

Exterior de Huaca de la Luna
Exterior de Huaca de la Luna

Eran una cultura, donde las mujeres podían tener poder y llegar a gobernar, lo cual no era (ni es) muy común. Creían en dioses de la naturaleza, pero a diferencia de las culturas de los Andes, ellos adoraban más al mar y la luna (que crea la mareas). Pero su gran característica, era en la construcción, pues en la zona no hay casi piedra. Se hicieron expertos en la construcción en adobe, tanto, que aquí se encuentran las ciudades de adobe más grandes del mundo.

Uno de los palacios de Chan chan
Uno de los palacios de Chan chan

Chan chan, fue su capital, donde ahora se ubica Trujillo. Aun hoy en día es visitable, y yo, la visité. La ciudad llegó a albergar a 100.000 habitantes y sus dimensiones son bastante impresionantes. Yo sólo visité uno de los nueves palacios de gobernantes (el resto de la ciudad está por excavar), uno de los más pequeños y estuve más de hora y media, sólo para ver la mitad del palacio. Los muros, aunque no lo parezca en las fotos, son de 20 metros de altura. La Unesco declaró la ciudad, Patrimonio de la Humanidad y ese mismo año, Patrimonio en peligro. Y es que, al fin y al cabo, es una ciudad de adobe. El viento y la lluvia hacen que se deteriore muy rapidamente, si no recibe ningún tipo de mantenimiento.

La ciudad de adobe de Chan chan
La ciudad de adobe de Chan chan

Tras Trujillo, salí hacia Chachapoyas, zona de nombre viril donde los haya y una de las más paradas peruanas, más esperadas por mí. ¡Me iba a la selva amazónica!

Hoy la banda sonora, va sobre capítulos finales de series 🙂

Skins

Six Feet Under

Utopia

Breaking Bad

Tontás XVII

Ahora mismo estoy en Trujillo, inicio de la parte norte de Perú, a donde he llegado, huyendo de Lima. Odio Lima. Me cago en Lima. Esputo sobre Lima y sus habitantes. Y aún más, sobre sus taxistas.  Es una ciudad enorme, llena de gente, con un tráfico peor que el de la Paz y envuelta en una nube gris permanente. No me gusta nada el ambiente que hay en ella, la ciudad y sus habitantes se esfuerzan en olvidar su cultura y raices e intentan occidentalizarse exageradamente. No saben hablar quechua, no hay venta callejera y muy pocos mercados. Hay mucha marginación y escalas sociales. Hay dos o tres centros comerciales por cuadra, todos llenos. Por favor, un menú de McDonalds cuesta  entre 10 y 15 soles, cuando tienes un excelente menú, con mucha y mejor comida, por 5 soles, al lado. Es la ciudad en la que menos se respeta a un peatón, de las que yo haya visto. Y encima es el lugar más caro de todo Perú. Dos días y medio duré allí. Ah, antes pasé por Huacachina, un oasis en medio del desierto, literalmente, donde pude practicar sandboard y saltar en buggie sobre las dunas (es como una montaña rusa, pero a ciegas).

Oasis de Huacachina
Oasis de Huacachina
Sandboard en Huacachina
Sandboard en Huacachina

1. En Perú, los coches no solo hacen ruido cuando tocan la bocina (constantemente), también cuando van marcha atrás, para avisar. Lo curioso es que muchos coches, cuando dan marcha atrás, reproducen la lambada… muchos.

2. En perú se come muy bien y muy barato. Ejemplo de menú por 5 soles (1,33 euros) en el mercado. Te suelen dar bebida también, la chicha que hayan preparado ese día, de maiz, manzana…

Ceviche y tallarines con lomo
Ceviche y tallarines con lomo

3. Se dice que los gays robaron la bandera a la ciudad de Cusco y la usaron para su movimiento. Pero hay otra corriente que dice, que Cusco no tuvo bandera (en las crónicas españolas, no se nombra ni una vez) y que esta bandera, ahora oficial, fue creada en 1973, para promocionar una radio…

Bandera de Cusco
Bandera de Cusco

4. Otra cosa que estoy odiando a muerte, la puta música peruana. Que te ponen durante todos los viajes de bus o combi, aunque sean las 3 de la mañana y todos estén durmiendo. Nadie se queja. Pero yo tengo las putas flautitas bien atragantadas (that’s what she said). En el último hostel la ponían en los desayunos, a las 8 de la mañan. No, ¡NOOOO! Son todas iguales. Empiezan siempre gritando y nombrando diferentes localidades peruanas y dedicándola con amor a todo el Perú y luego arrancan con las desgraciadas letras de amor. Que parecen escritas por niños de cinco años, que tienen un vocabulario muy simple y limitado. Pues con eso, hacen rimas, para verlas. Y las guitarras también son inaguantables. Hacen punteos de guitarra simples y esctridentes, que repiten constantemente a lo largo de toda la tortura “amelódica”, que llaman canción. Que supongo que si fuese borracho todo el día, a ratos me carcajearía, pero no es el caso. El sentimiento que despierta en mí es el de violencia. Me encantaría pasearme con un saco lleno de piedras, y cebarme con el primero que le de al puto play. No hablo de pegarle una pedrada y dejarlo inconsciente, no. Hablo, de darle tal mansalva de pedradas, que cuando nazcan sus hijos, se parezcan más a un coche de los Picapiedras, que a un ser antropomorfo.

5. La bebida estrella de Perú, la Inka Kola. Mucho más vendida que la Coca-Cola, aunque mucho más mala. Es extremadamente dulce. Aunque, por supuesto, desde hace unos años, fue comprada por Coca-Cola. “Mamá, mamá… Jo, que vende más que yo, comprala” (lo mismo pasó con Kas). Por cierto, por aquí, casi todas las aguas embotelladas, son también de Coca-Cola. Intento no comprarlas.

Abriendo la InkaKola
Abriendo la InkaKola

Desintoxicación musical:

Imperio de las galletas Inca

Desde el norte de Argetina o Chile, hasta más allá de Quito, esa era la extensión del Tahuantisuyo. Ese era el nombre que daban los habitantes del imperio inca, a su territorio. Significa: “las cuatro regiones” y es que en esta cultura, todo se dividía en cuatro. Porque cuatro son los elementos, las estaciones y los puntos cardinales. Todas las ciudades se dividían también en cuatro partes, imitando a la capital, Cusco.

Yo con la bandera Inka, en Ollantaytambo
Yo con la bandera Inka, en Ollantaytambo

Pese a llegar a ser el imperio más grande de América, no duró ni cien años. Empieza en 1.438, cuando Pachacútec empieza a extender el territorio Cuzqueño y acaba en 1.533, con la llegada de Pizarro y sus hombres. Pero, ¿cómo es posible que en menos de 100 años pudiese extenderse tanto y dejar una huella cultural tan grande?

Sacsayhuaman
Sacsayhuaman

Los Andes tienen un gran bagaje cultural, pues desde hace miles de años, está plagado de diferentes e importantes culturas. Los incas (en realidad, Inka, sólo era el emperador e “hijo del Sol”) no hicieron más que heredar toda esta cultura, entre ellas la idea de dualidad eterna y permanente (yin y yang), la religión y las leyendas de la Creación. De hecho, la fundación del mismo imperio, se cree que proviene de la cultura Tiwanaku. No sólo heredaron de ellos, sino que conquistaron a muchos de estos pueblos ancestrales y los incorporaron a su territorio. Cuando conquistaban a un pueblo, no los sometían, sino que los introducían en su sistema y permitían que sus gobernantes, lo siguiesen siendo. Introducían su religión e idioma, pero permitían que pudiesen seguir manteniendo también los anteriores.

Pisaq
Pisaq

Los otros secretos, para conseguir un desarrollo tan rápido y eficaz, en una zona tan inóspita, fueron las comunicaciones y la agricultura. Construyeron una gran red de caminos por todo Tahuantisuyo, utilizando Cusco como centro (luego también Quito), que les permitía llegar a todos lados mucho más rápidamente que antaño. Hay que pensar que ellos nunca construían en los valles, siempre en las alturas, abajo sólo plantaban. La razón son los ríos, así como los Egipcios utilizaban la crecida del Nilo para sus campos, ellos lo hacían con los suyos. Y se evitaban inhundar sus pueblos. Desde las alturas estaban más cerca del sol y podían contemplar mejor las estrellas, pero hacía mucho más complicada una red de caminos (los paisajes desde ellos, quitan el hipo). En cuanto a la agricultura, basta decir, que tenían laboratorios agrícolas, dónde conseguían nuevos tipos de hortalizas y tubérculos y la mejor manera de producirlos. Es impresionante ver las laderas de los Andes, donde por doquier encuentras aún restos de las terrazas agrícolas de estos habitantes andinos. Yo no entendía porqué necesitaban tantos y es que trabajaban una tierra cuatro años, para dejarla descansar siete. De esta manera se aseguraban que la tierra siempre se recuperara del todo y no se dañase, aportando mejores alimentos. Además lograron una gran red de canales y regadío, que en la actualidad, aún funciona, y que traía casi toda el agua de los deshielos.

El laboratorio agrícola de Moray
El laboratorio agrícola de Moray

El sistema de trabajo, pese a tratarse de un imperio, no era muy injusto. Cada habitante recibía una gran parte de tierra por cada hijo que tenía, y era libre de trabajarla cómo quisiese. A parte, tenían que trabajar algún tiempo por año para el líder local. Pero durante ese tiempo recibían alimento y alojamiento. Además, existían unas tierras comunales, que todo el mundo debía trabajar y el producto resultante se repartía entre quien más lo necesitase. El sistema se basaba en los conceptos de redistribución y reprocidad (con los líderes, subditos y la tierra), no se tomaba como una obligación, sino como un deber.

Templo del agua de Tambomachay
Templo del agua de Tambomachay

Se supone que esta sociedad nunca tuvo escritura, pero entonces, ¿de dónde se saca toda esta información? Fácil, fue recogida por todos los cronistas españoles, de forma directa y oral de sus protagonistas. Aunque con fallos de traducción o comprensión… Pero lo que no se dice, es que sí existía una escritura inca. Los “quipus” eran telares, que servían para expresar números y cuentas. Y también existían los “tocapu”, telares que servían como escritura. El problema es que los conquistadores los destruyeron casi todos y mataron a todas las personas que sabían leerlos, así que posiblemente sea un conocimiento al que ya no se pueda acceder.

Chinchero
Chinchero

Por último, para acabar, quiero aclarar algo sobre la derrota del imperio. Y es que siempre se habla de que Pizarro, con unos cuantos cientos de hombres y un buen puñado de caballos, acabó con todo un imperio. No es para nada tan simple. Desde hacía años, existía una lucha interna por la sucesión, que finalmente acabó con la victoria de Atahualpa, solo unos meses antes de la llegada de Pizarro. Así que la llegada no podía ser más propicia, con una población aún recuperándose de la guerra civil. Además, Pizarro recibió la ayuda de numerosos pueblos preincas, que habían sido sometidos, siendo más numerosos, éstos, que los propios españoles. Los pobres, creyeron que si derrotaban al imperio inca, volverían a tener autonomía. ¡Almas de cántaro! No sabían que nosotros llegábamos acompañados de “Nuestro señor”, que venía a someterlos con su amor… La resistencia todavía duraría unos cuantos años más. Aún hoy en día, fijándose un poco, se puede ver que las iglesias coloniales están plagadas de simbologías incas escondidas. Y es que aunque se les convirtiera en fanáticos católicos (todos los putos días, hay alguna procesión o fiesta de cristianitos), se sigue rindiendo culto a sus antiguos dioses, en no pocos sitios de los Andes.

Todas las fotos del post son del Valle Sagrado Inka, en los alrededores de Cusco. Estuve varios días recorriendo estos yacimientos junto con Elin, una sueca, profesora de español.

Elin y yo en lo alto de Pisaq
Elin y yo en lo alto de Pisaq

Machu Picchu II: Supervivencia

La cama de Aguas Calientes era muy cómoda, pero poco pude dormir. El malestar de los días anteriores fue a más y me levanté con la peor diarrea de mi vida. De hecho, en vez del despertador a las 4.30, tenía a mi lado un coro góspel cantando con los brazos en alto y agitando las manos: “Diarreeeeeeeea, oh, oh, diarreeeeeeea. Te estás cagaaaaaando, te cagas taaaaaanto, que no parece que estés defecaaaaando, sino meaaaaando”. No les dejé nada de propina, siempre he deseado que un coro góspel narre mi vida, pero en aquel momento me molestó.

Seguir leyendo “Machu Picchu II: Supervivencia”

Machu Picchu I: El camino

Hay que empezar diciendo que hay tres maneras de llegar a Machu Picchu:

1. Haciendo uno de los trekkings que proponen las agencias. Ya sea el camino Inka o pasando por el monte Salkantay. Ambos de cuatro días de duración y un buen puñado de dólares. Si se tiene el dinero, es la manera más recomendable.

2. El camino de los ricos. 110 dólares de tren hasta el pueblo de Aguas Calientes y 20 dólares de bus, hasta la puerta del recinto arqueológico. Entrada aparte.

3. Y la de los pobres, pero no por ello, la peor. Pues hacer este camino es algo alucinante, unos paisajes que difícilmente encontrarás en otros lugares del mundo. Obviamente, esta es la que he hecho yo y la que paso a relatar.

Partí hacia las seis de la mañana de Cusco, no sintiéndome muy bien fisicamente, pero con la adrenalina de saber lo que había por delante. Te diriges en bus hacia el pueblo de Santa María, seis horas de viaje a través de la carretera con más curvas por la que he circulado nunca. La calzada descendía a 500 metros y llegaba a 4.400 metros, para luego volver a descender, por unos valles muy angostos y unos precipicios de vértigo. Las curvas, no ayudaban al malestar interno. De repente, llegando a Santa María, al entrar en un nuevo valle, el paisaje cambia radicalmente. ¡Estás en un selva! Todo se vuelve más verde, frondoso y hay infinidad de plantaciones de plátanos y piñas. El camino pasa a ser de tierra y en muchos tramos, no cabe más de un coche. Poco tiene que envidiar a la carretera de la muerte.

Llegando a Santa Maria
Llegando a Santa Maria

Al llegar a St. María, regateas para conseguir un taxi, que te lleve hasta la Central Hidroeléctrica. Allí ya dependes de tí mismo, pues quedan dos horas y medias de caminata (vale la pena hacerla en más tiempo, para disfrutar), siguiendo las vías del tren, a través de un gran valle, en medio de ceja de selva.IMG_0387

El tren dirigiéndose a Aguas Calientes
El tren dirigiéndose a Aguas Calientes

Durante todo el camino, no haces más que encontrarte con lianas, árboles de más de veinte metros, infinidad de rios y cascadas…

IMG_0492 IMG_0487Y nadie avisa de esto, pero en realidad estás dando la vuelta a la montaña de Machu Picchu (montaña vieja) y en algunos puntos puedes llegar a ver las ruinas desde lo más hondo del valle. No sabía como me impresionaría al día siguiente la ciudad inca, pero no creía que lo hiciese más que este camino. En muchos momentos me recordaba a los paisajes de Jurassic Park.

Machu Picchu visto desde el valle
Machu Picchu visto desde el valle

Llegué al pueblo de Aguas Calientes cuando casi ya no se veía nada. Es muy raro entrar al pueblo, directamente por las vías del tren. Vas caminando sobre ellas y, de repente, estás en la calle principal de la población. Allí simplemente busqué un hostel barato (que los hay), donde tirarme a leer e irme a dormir pronto, pues seguía sin encontrarme muy bien. Aviso de lo que sería el día siguiente…

Aguas Calientes o Machu Picchu pueblo
Aguas Calientes o Machu Picchu pueblo

Música:

Ay, que Cuzco

Ya llevo una semana en Cuzco, Cusco, Qosqo… La ciudad imperial de los Andes, la que fue gran capital del imperio Inca. Mi idea, al llegar aquí, era pasar más de un mes, encontrar un trabajo e ir visitando todo poco a poco. Pero tras realizar dos pruebas de trabajo (aceptado en las dos) y varias entrevistas más (celine me ayudó mucho con sus contactos), he decido acelerar mi estadía. Pues los sueldos, teniendo en cuenta que no tengo permiso de trabajo, oscilaban entre 0,80 y 1 euro la hora. No me da ni para pagar mi alojamiento, así que seguiré buscando por el camino e intentando gastar lo mínimo posible.

Vista de Cusco
Vista de Cusco

La ciudad es impresionante. Su centro histórico es enorme, debe ser más o menos el 40% de la ciudad. Es más grande y está mejor conservado que la gran mayoría de los grandes centros históricos de Europa. Puedes caminar horas, como ya he hecho, entre edificios coloniales, llenos de arcos, balcones y patios interiores. Todas las calles están empedradas y llenas de iglesias. Y vuelve a ser una ciudad enclavada en medio de un valle, con altísimas montañas a su alrededor, que ves desde cualquier punto de la ciudad.

Plaza de armas
Plaza de armas

Los españoles se encargaron de desmontar casi todas las contrucciones incas, y construir iglesias encima de cualquier templo. Pero la huella no se ha podido borrar. Casi todas las partes bajas y muros, son incas. Simplemente se ha construido en cima, aprovechando lo que había anteriormente. Y los alrededores de la ciudad están plagados de restos de grandes construcciones, por no hablar del vecino Valle Sagrado.

Muros incas, en edificios coloniales
Muros incas, en edificios coloniales

Y pese a todo, en mi opinión, a esta ciudad le falta algo. Hay mucha gente que viene por unos días y se quedan mucho tiempo, enamorados de la ciudad. Para mí, no tiene el encanto que podían tener Valparaíso o la Paz, donde no sabías qué encontrarías al girar la esquina o al entrar en cualquier antro. Creo que es debido al turismo y la gran explotación que hacen de él. No es que esté super masificada o tan explotada como Barcelona, pero todos los ciudadanos parecen vivir del turismo (sobre todo en el centro) y no hacen más que intentar sacar provecho de él. Por la calle, puedes llegar a sentirte un objeto del que sacar provecho. Todo el mundo intenta venderte cosas, atraerte a su restaurante u ofrecerte tours. Y lo que más me exaspera son los taxis. Casi ninguno es oficial, simplemente le ponen unas pegatinas rojas y blancas en su coche y se ofrecen como trasnporte. Y cada vez que se cruzan con alguien, tocan la bocina. En 100 metros, te pueden tocar la bocina tres o cuatro “taxis”. Y ofrecen unas tarifas desorbitadas, que puedes llegar a rebajar hasta cinco veces la oferta inicial. En fin, es difícil llegar a integrarte o moverte con ellos, pues en todo momento te hacen sentir extranjero, siendo, como son, simpáticos y serviciales.

Mujer con una llama, por el barrio de San Blas
Mujer con una llama, por el barrio de San Blas
Monumento a Pachakutek
Monumento a Pachakutek

Y ya llevo preparando unos días mi expedición al Machu Picchu, evitando ir en el carísimo tren, que te lleva directo. Así que salgo mañana muy temprano, para coger tres buses diferentes y acabar atravesando la selva de la niebla a pie, para llegar a pasar la noche, al pie de una de las 7 maravillas del mundo. Dicen que la caminata de más de tres horas, es alucinante, siguiendo la via del tren por en medio de una selva que está a 3.000 metros de altitud. La cual me llevará a visitar la ciudad inca perdida, justo el día que cumplo seis meses de viaje 😀