Explosiones en la jungla

Si por algo es famosa la isla de Borneo, es porque es uno de los centros de biodiversidad más importantes del mundo. Es el único sitio del mundo donde conviven orangutanes, rinocerontes, elefantes, osos y tigres. Además te puedes cruzar con especies únicas, que sólo habitan en esta isla; los monos prosbocis, el leopardo nebuloso o los rinocerontes y elefantes de borneo. Nos metimos el machete, la brújula y el antimosquitos en la mochila y dejamos atrás Kota Kinabalu, para cruzar junto al Monte Kinabalu y llegara a orillas del río Kinabatangan.

Supongo que ya nos habéis imaginado viajando entre lianas, volando de rama en rama, bañándonos con elefantes, criando algún orangután que rescatamos de unos desalmados cazadores o montando en rinoceronte. La magia que habitualmente desprende mi lírica seguro ha creado en vuestra cabeza una historia llena de aventuras y peligros, pero la verdad es que fue todo bastante cómodo. Contratamos estancia de 3 días y 2 noches, en la recepción de nuestro hostel de Kota Kinabalu, pues en la oficina de turismo nos dijeron que no encontraríamos un precio mejor. Pagamos en total de 385.000 Rm por un alojamiento en habitación compartida, pero casi de lujo y en medio de la jungla, con todas las comidas incluidas, dos cruceros por el río al amanecer, otros dos al atardecer y uno más nocturno, además de un trekking diurno y otro nocturno por la jungla. Ésta suele mantenerse aletargada durante las calurosas horas de sol y es durante la salida o despedida de éste cuando más probabilidades de cruzarse con la fauna salvaje se tienen. Avanzas con el barco por las típicas aguas turbias de la selva, un pasillo franqueado por dos espesos y verdes muros, entre los que circulan cocodrilos y a los que esperas se asomen monos, orangutanes, pájaros o elefantes.

Casi siempre es cuestión de suerte, el número de animales que puedas llegar a ver depende de la fortuna, la meteorología o la habilidad de tu guía. Excepto los grandes grupos de monos, donde sus miembros casi parecen hacer señas para que los veas (y sí con miembros también me refiero al aparato reproductor), es muy difícil localizar a los animales para el ojo no entrenado. Parece ser que nosotros tuvimos bastante suerte esos días.

La verdad es que era entretenido viajar aupado al techo del barco, enfocando toda tu concentración en detectar el menor movimiento o silueta que surgiera de los nudosos muros, mientras un pequeño anhelo circula por tu interior, ansiando cualquier aparición, como el yonki que espera su siguiente chute. Muy recomendable hacerse con unos prismáticos si tu cámara no tiene un buen zoom, no siempre se aparecen cerca de tí. Y realmente paso de enumeraros los diferentes tipos de animales que vimos, tenéis las fotos y la posibilidad de preguntarnos, si nosotros os lo permitimos. Tal vez destacar que a Manu y a mí nos impresionaron mucho los pájaros, sus tamaños, colores o la increíble capacidad de debate político que poseían. ¡Qué capacidad de sintesis!

Fuimos testigos de uno de los atardeceres más raros que he visto nunca. Mientras avanzábamos por el río, con el Sol ya casi rendido a la oscuridad, al fondo de la turbia autopista, por encima de los árboles, ascendía una nube con forma de gigante OVNI que lucía una extraña diadema de colores metálicos. Mientras el sol filtraba sus últimos rayos a través de las copas de los árboles y reflejándose en el flanco derecho de la vaporosa nave, una enorme tormenta agitaba todo su interior. Como la seta de una explosión nuclear formada por el choque de los rayos solares y la tormenta eléctrica. Y nuestra pequeña embarcación navegaba directo hacia ella, como si la proa fuese atraída por esa tormenta interior, que no sólo ejercía magnetismo sobre nuestra barca, también se llevaba toda nuestra atención. Fue casi místico, pues al mismo tiempo nuestra guía contaba que el río Kinabatangan es mágico y cada día te sorprende con una muestra de ello. Fuimos testigos.

Pero ya metidos en temas animales, no doy acabado el post sin comentar como nuestro amor por los orangutanes se vió multiplicado esos días. Y es que una de las mayores atracciones del norte de Borneo es Sepilok, una reserva de orangutanes, donde recuperan especímenes heridos o recién nacidos y les enseñan como sobrevivir en libertad. Aprovechando que el centro está cerca de Kinabatangan, decidimos que sería nuestra próxima parada. Abre sus puertas a las horas en que alimentan a los orangutanes 10.00 am y 14.00 am (30 Rm), les dejan comida en unas grandes plataformas en medio del bosque, donde puedes observarlos con más facilidad. Además hay una enfermería donde puedes acudir a ver cómo entrenan a los más pequeños. Una vez se convierten en adultos y están preparados para la vida moderna, los trasladan a reservas naturales, donde se acaban de adaptar a la vida en libertad. Nosotros nos pasamos el día entero allí, aprovechando todas las horas que estuvo abierto, porque realmente impresiona verlos de cerca y es alucinante e hipnótico observar como su comportamiento y gestos son tan similares a los nuestro. No en vano, Orang Utan en malayo significa; hombre de la selva.

Y en el próximo capítulo, nos sumergimos en las aguas que surcan los piratas filipinos 😉

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