A mí me Bali

Indonesia es un territorio formado por casi 18.000 islas, desde las más grandes del mundo hasta las más ínfimas. Es el cuarto país del mundo con más habitantes, 255 millones de personas viven desigualmente repartidas por esta constelación esparcida entre los océanos Pacífico e Índico. Es el país con más musulmanes del mundo, pero este desparramiento de islas sólo puede dar como resultado una paleta de culturas, creencias y religiones casi infinita. Entre ellas una rareza, la isla más conocida del archipiélago, Bali. Tras la revolución musulmana del s. XVI, todos los comerciantes hindúes fueron expulsados de Java, en el caso de la nobleza y realeza buscaron refugio en Bali. Hasta aquí trajeron su religión y su sistema de castas, aunque no de manera tan estricta como en la India. Es la única isla donde domina la religión hinduista, pero curiosamente se sigue de manera más metódica que en la India y se mezcla con las tradiciones animistas, dando un resultado curioso. Es una cultura única donde cada clan y miembro del mismo forma parte de un engranaje, que gira entorno a una serie de ritos que duran toda la vida. Todo el conjunto da como resultado la cultura más arraigada y tradicional de toda Indonesia. Nosotros nos sumergimos en ella desde Ubud, el corazón de la misma.

Ubud es el primer sitio de todo el viaje que, pese a estar en temporada baja, estaba repleto de turistas. Aún así es muy fácil salirse de toda la aglomeración perdiéndose por sus callejones repletos de jardines interiores y templos, o acercarse a los cientos de arrozales que rodean la ciudad. Nos hospedamos en el Ubud Hostel, 60.000 Rp/noche en el dorm, ubicado en Jalan Dewi Sita, casi delante del campo de fútbol. El centro no es muy grande, todo es perfectamente abarcable a pie, incluso algunos arrozales. Con tan solo veinte minutos de paseo desde el centro puedes llegar hasta las verdes explanadas, para ver como al atardecer éstas se convierten en espejos que multiplican los últimos momentos del sol. Así de fácil es dejar atrás el ruido de la ciudad, encontrarte rodeado de paz y sentir que retrocedes hacia el pasado, donde las sonrisas ajenas parecen más fáciles y el estrés fluye y desaparece por las acequias que alimentan los cultivos.

Te encuentras con la cultura balinesa al girar cualquier esquina, cada casa tiene su propio templo, cada negocio, portal o representación religiosa tiene sus ofrendas. Todos los días se es testigo de las pequeñas ceremonias que se realizan por toda la ciudad, las hay diarias, semanales o mensuales, y en su mayoría buscan la buena suerte, agradecer a los dioses o la protección de los malos espíritus. Un gran ejemplo de esta fuerte conexión entre el hinduismo y el animismo se plasma en las danzas balinesas, nosotros asistimos a la Kecak. Es la más salvaje y la que tiene más interacción entre la música y la historia. Todos los ritmos y música la producen un gran coro de hombres, mientras con sus movimientos recrean la escenografía o las energías que fluyen por el escenario. Éstos pueden llegar a entrar en trance. Cada danza representa una historia en la que normalmente se mezclan elementos humanos, divinos y la naturaleza. El espectáculo costó 75.000 Rp, dura casi hora y media y vale la pena, pero hay muchas otras para elegir.

Para comer recomiendo el Puteri Minang Padang Food, en Jalan Raya 77. Es el mejor Nasi Campur que hemos probado, el que más variedad tenía y a buen precio. La cerveza es cara por toda la ciudad, pero si preguntas en algunas pequeñas tiendas locales puedes llegar a encontrar botellas de Arak casero. Por 25.000 Rp conseguimos 0,5 litros de este licor de arroz, que nos transportó a otro mundo y nos proporcionó una resaca de las que valdría la pena documentar en wikipedia. Por último, pero no menos importante, justo a la izquierda del Ubud Hostel hay una pequeña puerta donde anuncian masajes. Por el módico precio de 70.000 Rp/hora (menos de 5€), recibirás un buen masaje de cuerpo completo.

Ubud en si puede que no merezca más de dos días de visita, pero es la base perfecta para hacerse con unas motos y recorrer toda la isla. Y es que esta famosa ínsula, conocida sobre todo por el surf y el turismo de lujo, alberga mucha más riqueza. En la semana que estuvimos merodeando por ella, no pisamos la playa ni una sola vez, nos dedicamos a recorrer sus callejones, templos, pueblos, arrozales y volcanes. La moto puede conseguirse por 50.000 Rp/día, sobre todo si negocias quedártela por varios días. Y la gasolina, pues está tirada de precio, aunque si te acabas perdiendo en demasía y haciendo 100 km en un día, te saldrá por un poco más y acabarás con el cuerpo dolorido. No es que nos pasase nada similar…

¿Qué visitar por la isla? Hay infinidad de templos, grandes o pequeños, más o menos sagrados, antiguos o perdidos en medio de la niebla o el mar. También hay alguna reserva natural, varios volcanes o terrazas de arroz bastante espectaculares. Desde aquí recomiendo la visita a las terrazas más cercanas a Ubud, que puedes combinar con una visita a Ceking Sari, una pequeña plantación de café y té natural. Hasta allí nos llevó, o más bien arrastró, un señor que conocimos en los arrozales, y en ella pudimos disfrutar de una cata de sus tés y cafés, con buenas vistas de los campos de arroz. ¡Y todo gratis! Porque todo el mundo sabe que lo gratuito es mucho mejor, sobre todo el sexo.

De fácil acceso también es el cráter del monte Batur. Este volcán de 1.717 metros domina gran parte de la isla y se mantiene en activo. La última explosión fue en el año 2.000 y sus consecuencias aún son muy apreciables. Si sigues la carretera principal, al llegar al punto de control del parque nacional, comenta que te diriges a Gunung Kawi, te dejarán pasar sin cobrarte entrada. Y es que en realidad nuestra intención era desviarnos a la derecha antes del cráter, para visitar este templo, pero al vernos ya allí, pues nos acercamos a echar un vistazo. Suele ser un tour muy popular para visitar al amanecer, aunque sabemos de varios casos en las que sus fotos son una simple pared de niebla. Los volcanes son como imanes para las nubes, viven un borroso amorío que suele romper el corazón de los cazadores de fotos.

Por último quiero recomendar un templo a visitar y otro a evitar. Primero el malo, que así supuro el veneno que desde esa lluviosa tarde rodea mi violada alma y luego puedo enternecerme para explicar la paz que nos transmitió Gunung Kawi .

El maléfico templo es el Pura Besakih. Es el templo más grande y sagrado de Bali, y precisamente por ello intentan explotarlo, usando la religión tal tragaperras de bar para sacar sus dineros al desconocedor turista. Nada más llegar se nos lanzaron de malas maneras pidiéndonos la entrada y el alquiler de un sari (si visitas Bali, hazte con tu propio sari, ahorrarás dinero). Claro, nosotros habíamos llegado desde un camino alternativo, bajando desde un templo de la montaña, y de repente, sin saber cómo, nos vimos dentro del recinto del Besakih y sin entender nada. Pagamos y alquilamos, es lugar sagrado, respetemos las normas. Ah, pero parece que las normas las tiraron por el WC y prefieren inventarse unas con las que conseguir más dinero. Cinco segundos después de comprar la entrada, se nos acerca uno de los responsables del templo, nos dice que no podemos pasar de donde estamos y nos señalan un cartel escrito tan solo en indonesio. Pero acabamos de pagar la entrada… ¿para qué pago, si me voy a quedar en la misma entrada? Matiza que si se quiere entrar se han de pagar 100.000 Rp a un guía autorizado, y que casualidad, él es uno. ¡Qué suerte la nuestra! Pasamos de él y me acerco a otra persona a preguntar.

– !Claro que se puede pasar!

Me acerco a reclamarle al otro mentiroso y literalmente pone cara rara, se gira y se va, sin decir nada. Avanzamos la primera muralla. Al llegar a las escaleras principales se nos acerca otro responsable del templo y nos prohíbe seguir. Sólo se accede con guía, dice. Así que me acerco a preguntar a otra persona, para verificar. ¡Oh, sorpresa! Sí que se puede subir la escalera, pero no cruzar el umbral del templo, sólo con guía o si eres hinduista. Minutos después me entero de que cualquier persona, sin importar la religión que procese (como debería ser en cualquier templo), puede entrar sin necesidad de ser acompañado, siempre que sea respetuoso. Decidimos enviarlos a la mierda y largarnos de aquel casino encubierto, más lleno de devotos al capitalismo y al robo, que de cualquier otra deidad.

Pero una vez expulsado el demonio de nuestro interior, sigamos ese sendero soleado, en el que los pájaros cantan al ritmo de nuestro andar, las flores se abren ante nuestra mirada y las ardillas nos deleitan bailando tango. A final de este camino te encuentras con Gunung Kawi, el templo de Bali que más nos transmitió y aportó, aunque sea en paz interior. Este complejo de templos del s. XI y dedicado al agua. Está casi todo escarbado en la roca, musicalizado por el río que lo atraviesa, el moho pinta sus fachadas y sus jardines lo forman la selva y los arrozales. La entrada cuesta 10.000 Rp y ya incluye un sari para cubrirte las rodillas, no hagáis caso de la gente que os intentará vender o alquilar uno antes de llegar al templo.

Y con este relato ponemos fin a Indonesia, llega la hora de ponernos el sombrero, apretarnos las botas, vestir calzoncillos limpios y desenfundar el látigo. No, nos vamos de orgía, aunque la cosa de un giro más salvaje y animal. Nos vamos a Borneo, tierra de orangutanes, elefantes, cocodrilos, rinocerontes, osos, piratas y caníbales.        

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