Hpa An I, entrada a Myanmar

Un país descartado en mi imaginaria ruta inicial. Un país, al parecer, más caro que el resto de sus vecinos. Un país bajo dictadura militar desde 1962. Un país del que los viajeros te hablan maravillas y te empujan a visitar. Un país en el que te enamoras de la sonrisa y amabilidad permanente de sus habitantes. Un país hecho para el mochilero. Un país: Myanmar.

Hacía ya un mes y medio que tenía mi visa, conseguida durante mi estancia en Phom Phen. Para hacerte con ella necesitas: un pasaporte con más de 6 meses de validez, 2 fotos tamaño carnet, 1 fotocopia del pasaporte y el precio puede variar según la embajada, entre 20 – 30$ a pagar en efectivo. Luego sólo te queda rellenar un extraño formulario donde te preguntan de todo; el color de los ojos y pelo (para lo que recurrí a un típico chiste de calvos, que al funcionario no le hizo mucha gracia…), trabajos, miles de contactos, intenciones en el país, si eres más de perros o de gatos… Una vez rellenado, dejas tu pasaporte (siempre que toca hacer eso, te vas con una sensación de vacío dentro de tí) y vuelves tres días después a recoger tu visado. Así que con mi visa ya en la mano, vuelo de Ha Noi a Bangkok, una noche de relax y bus nocturno hasta Mae Sot, vecina a Myanmar. En abril de 2016 todas las fronteras entre Tailandia y Myanmar estaban abiertas, pero el paso Mae Sot-Myawaddy es el camino más sencillo. Pues no hay transportes públicos desde las otras fronteras hacia el interior del país e incluso, en el paso del norte Mae Sai – Tachileik, no se puede circular por el conflicto con las guerrillas.

Llegué a Mae Sot a eso de las siete de la mañana y tras unas averiguaciones, decidí ir andando hasta el paso fronterizo. La estación de buses se encuentra a 3 km de la ciudad y a 2.5 km de la frontera, así que te puedes ahorrar el tuk-tuk. Normalmente es mejor cruzar cualquier frontera acompañado, es donde se dan más estafas y engaños (sobre todo por parte de las autoridades) y siempre es mejor juntar fuerzas y ojos con alguien. Pero en el bus era el único occidental, así que no había más remedio. Aunque hay que decir que es una frontera sencilla. Al principio es confuso, porque en la parte tailandesa había un mercado, y los mismos transeúntes me tuvieron que ir señalando el camino hasta la salida de Tailandia. Una vez sellado el pasaporte, se cruza el puente de la amistad (básicamente parece que todos los países están unidos por “puentes de la amistad”, estoy harto de verlos. Estoy deseando encontrar algún puente de la enemistad, la frustración o la pesadumbre), en él se puede encontrar algo de caos, porque los carriles para coches cambian de sentido (Tailandia izquierda, Myanmar derecha) y llegas a la oficina de inmigración birmana. Allí te das cuenta por primera vez, que aunque no todo el mundo hable inglés, va a ser muy fácil entenderse con ellos, son majos hasta el extremo. Y en esa misma oficina es donde se empezó a formar mi grupo de viaje con el que descubriríamos la antigua Birmania.

Nada más llegar me encontré a Xander, con el que negociamos conjuntamente transporte hacia Hpa An. En la misma oficina de imigración se puede contratar el transporte y se puede pagar tanto en dólares, baths como kyats. Poco después aparecieron Nico y Andrea, argentinos autores del recomendable blog …Altibajosenmochila, y nos caímos tan poco en gracia, que ya no nos separaríamos hasta el final del recorrido por Myanmar. Una hora más tarde partía nuestro bus. Hay que decir que el camino ha cambiado mucho en los últimos meses, pues todavía en noviembre, la carretera tenía tan sólo un carril y sólo se podía circular en una dirección, unos días hacía Tailandia y otros hacia el interior del país. Ahora la carretera ha mejorado un poco, pero va a ser un camino en el que te pases la mayor parte saltando en tu asiento. Si a eso le añades que el bus no estaba en perfectas condiciones… Toda la parte de atrás cubierta de cajas y sacos, que intentaban mantener el equilibrio sin mucho éxito. Los aire acondicionados sobre nuestras cabezas, no solo no funcionaban, sino que varios de ellos dejaban caer cascadas sobre las cabezas de algunos de sus pasajeros (y digo bien, no gotas, cascadas). Entretenido fue…

Durante la parada para comer, hablando con algún local, empezamos a darnos cuenta de la confuso y agitado que es el panorama político y social que vive el país estos últimos años. Tras una lucha de años se celebraron elecciones “democráticas” con las que acabar con la dictadura más antigua del planeta, cuyos resultados no gustaron a la Junta Militar que presidía el país y se tuvieron que repetir años después. En noviembre de 2015 se repitieron casi los mismos resultados de las primeras elecciones, que ganó el partido de Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la paz y gran opositora al régimen. Pero unas leyes creadas por los militares específicamente contra ella, le impiden llegar a ser presidenta. Cuando nosotros entramos en el país tan sólo quedaban diez días de dictadura militar, hasta que llegase por primera vez la democracia a Myanmar. Una falsa democracia, pero un aire de cambio y esperanza.

Finalmente llegábamos los cuatro a la estación de buses Hpa An, que no se encuentra precisamente cerca de la ciudad. Así que nos subimos a un tuk-tuk, coronado con una gran esvástica, y fuimos directos al Soe Brothers. Éste es el hostel para mochileros, el que tiene mejor relación calidad precio. El problema es que suele estar lleno, como nos pasó a nosotros, y nos dirijimos a su vecino Hin Thar, más barato pero en peores condiciones (12.000 K/ 9€, la habitación doble sin desayuno). Andrea y Nico se cambiarían al Soe Brothers al día siguiente, por las molestas chinches que dormían con todos nosotros. Xander y yo nos quedamos y nos dedicamos a matar unas cuantas cada noche antes de ir a dormir… Tras descargar todas nuestras mochilas dimos una vuelta por la ciudad/pueblo grande, conseguimos nuestros primeros Kyats (desde hace un año hay cajeros por casi todo el país, siempre bancos nacionales; KBZ o CB Bank) y disfrutamos de la estampa que nos brindaba el atardecer y de unas cervezas.

Más tarde, en el hostel, me reencontraría con Marina y Marc, su nuevo compañero de viaje, que nos invitarían a acudir a una fiesta birmana la mañana siguiente. Nos esperaban unos días geniales en los alrededores de Hpa An, pero tanta genialidad no me cabe ya en este post. Esperad sorpresas y grandes historias. Myanmar, ¡molas!

 

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