Changtás V

¡Parad! Parad de llamar a hospitales, emergencias, policía, servicios de rescate… Sé que os dejé con la intriga, justo antes de cruzar la peor frontera del sudeste asiático, pero dos puntos para que no vuelva a cundir ningún pánico:

  • El blog lleva retraso (en estos momentos unos 10 días), así que cuando escribo algo, he sobrevivido a ello o he tenido días para recuperarme.
  • ESTO ES ASIA, es más probable que me destroce la vida el ingerir un cubito de hielo que cualquier otra cosa. Exceptuando alguna catástrofe natural, como podréis leer en un futuros post. Spoiler: sobrevivimos, por el momento…

  1. Creo que aún no he mostrado el sleeping-bus del trayecto Vientiane – Pakse, en el que agonizamos toda una noche. Yo le pondría otro nombre, tipo puti-bus, porque no tenía pinta de otra cosa. P1030183Todo luces rojas, cabeceros acolchados, cortinas rosas y esas mantitas aleopardadas. Encima el único alimento que nos ofrecieron fueron dos rebanadas de pan con una crema blanca dentro. Que uno, viendo el ambiente que nos rodeaba, no cree que fuese leche condensada.
  2. En Pakse, camino de Champsak, tuve uno de mis mejores desayunos. Llegábamos reventados tras toda una noche sin dormir, seguida de negociación con tuk-tukeros y sabiendo que aún nos quedaban unas dos horas de espera y más de una de viaje. Así que aprovechamos para dar una vuelta por el mercado y desayunar. Cual fue mi alegría, mi gozo, la música de mi corazón, el orgasmo de la semana… descubrir que allí mismo tenían figuras de Lego, raras y falsas, de las que andaba buscando. Conseguí tres buenos ejemplares para mi camada, me pedí un chocolate caliente, unos churros y un shake de plátano. Tan intenso fue el brillo que desprendían mis ojazos, que Sofi decidió plasmarlo en archivo jpg.
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    El gozo desparramándose por mis orejas
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    Os carcome la envidia, ¿eh?

     

  3. Tras dejar Don Det enfilamos hacia la frontera con Camboya… Primero te encuentras con que es el trayecto más caro del viaje, no hay manera de que baje de los 9$, y tan sólo son 30 minutos de trayecto. El autostop es una opción remota, es una frontera que casi nunca usan coches particulares, así que los únicos vehí-culos que se dirigen hacia allí son minivans de agencias y tuk-tuks. Por lo que te toca claudicar. Además tienes al tipo de la agencia convenciendo a todo el mundo para que le den 5$ y el pasaporte, a cambio él hará los trámites y de esta manera será más rápido y más barato. Mentira. Obviamente, nunca hay que dejarle el pasaporte a nadie, encima tu mismo puedes salvar la situación en la frontera y pagar 2$ (no 5) y te va a tocar esperar dos horas como mínimo tras los trámites, así que para que los vas a acelerar. Aunque es en la frontera cuando vienen los mayores enfados. Aviso: allí no hay nada, ni cajero automático, ni oficinas… tan sólo un puesto de comida y un baño destartalado, con su oportuna señora para cobrar la entrada, que está incluso más destartalada que el baño. Hay que llevar consigo el dinero pertinente en efectivo y algo más. Pues nada más acercarte a la cabina (con los vidrios tintados, evitando que les puedas ver la cara) te encuentras que los agentes de Laos que tienen que ponerte el sello de salida del país, te exigen 2$ por hacerlo. Llegamos a hacer grupo con unas ocho personas para protestar y negarnos, pero al final acabas cediendo, porque el policía tiene tu pasaporte y necesitas el sello para entrar en Camboya. Y a quién te vas a quejar, si es la policía la que te está robando. Así que saltas el primer obstáculo y te diriges a la parte camboyana, aún cagándote en los laosianos y sin saber que es mejor irse calmando, sólo acaba de empezar. Lo primero que te dicen es que has de pasar un “reconocimiento médico”, que no es legal y que consiste en que tu mismo rellenes un papel asegurando que no tienes ninguna enfermedad ni fiebre. Ellos ni te miran ni te tocan, pero pretenden cobrar 2$ por ello. Nosotros tuvimos suerte y había un francés liándola gorda cuando llegamos y aprovechamos para rellenar el papel y largarnos rápido. Además el encargado era un funcionario cualquiera, no un policía. De esta nos libramos, pero de la siguiente es imposible. Preparas tus documentos de entrada al país y al ir a pagar, en vez de exigirte los 30$ oficiales, piden 35$. De nuevo un policía, con tu pasaporte en la mano y un cristal oscuro en medio, que te impide ver la cara que pone mientras te cagas en su estampa. Ahora sólo falta bajar las pulsaciones, pues te toca esperar unas dos horas a que llegue gente para llenar el bus de la agencia. Porque aunque te hayan asegurado que vas a llegar a las 16.00 a Siem Reap, vas a acabar llegando a las 21.00, tras cambiar dos veces de vehículo, con sus consecuentes esperas. Dato que no pudimos averiguar antes: se puede ir con agencia hasta la frontera y allí se encontrará una minivan de algún camboyano particular que te llevará a Siem Reap por menos dinero y de manera directa.
  4. Así que ya estábamos en Camboya, nuestro tercer país, el del antiguo imperio Khmer y el reciente holocausto de los jemeres rojos (Pol Pot). Y pese a que el viaje fue largo hasta llegar a Siem Reap, no pudimos tener una mejor entrada en el país. En nuestra minivan, integrada por alemanas, franceses, suizas, italiano e israelí, se formó una pequeña comunidad. El israelí sacó su guitarra y se puso a tocar canciones de Beatles, Red Hot Chili Peppers, Daft Punk… y todos nos convertimos en su coro, incluso el veterano italiano. Y es que ya se ve en las películas, una viaje con música adquiere un cariz más mítico. Miras por la ventana, como si una cámara de cine te estuviese grabando desde el exterior, y tu alucinas con lo que ves: los paisajes, animales, el sol, un carro, un niño enseñando la chorra o un perro haciendo fuerza para deshacerse de ese topo que asoma por su ano. Da igual lo que veas, la música te hará vivirlo de manera más mítica y luego recordarlo más intensamente.
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    Sí, el viejo aquí no parece muy emocionado, pero lo estaba

     

  5. Para acabar, un consejo de una lata camboyana para toda la muchachada. Para esos jovenzuelos que son unos bribones, pero que nos mantendrán en el futuro. ¡Porque los niños de hoy, son las cervezas del futuro! Recordadlo…P1030717
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