Bien-tiane?

Estuvimos dudando mucho sobre nuestro rumbo tras Luang Prabang. Todo estaba bien, pero nada nos llamaba especialmente. Descartamos Vang Vieng, porque el paisaje es muy similar a Nong Khiaw, pero no tan espectacular y mucho más turístico. Así que mejor evitarlo, no sea que me trajese algún recuerdo muy vívido de nuestro paraíso norteño y me pudiese la nostalgia. Parecía que nos dirigiamos a las cuevas de Tham Kong Lo, pero era un viaje interminable y la parada más coherente parecía la capital, Vientiane. Así que allá que fuimos, e incluso luego descartariamos las cuevas, por caras y de difícil acceso (en Vietnam encontraré muchas más y mejores).

¿Qué tiene esta ciudad? Poco. Nunca fue nuestra intención pasar por ella, pero es la frontera obligada entre el norte y el sur del país. Al menos no es enorme, ni tiene grandes edificios ni agobia. Nos lo tomamos como días de tranquilidad, gastar poco y visitar alguna cosilla.

Llegamos después de toda una noche en bus, sin dormir ni comer nada. Bueno, sin comer… yo sí comí. En teoría el bus incluía algo de cena, pero al pasar las horas y no tener nada, acabamos durmiendo. Pero a las 01:30 de la madrugada paró en un puestito donde podías hacerte con un bol de “Noddle soup with pork”. Ningún occidental comió nada, sólo los pasajeros autóctonos, y yo. Básicamente no tenía hambre, ni tenía buena pinta, pero fue un homenaje a Manu. Porque si te están dando comida gratis… ¿somos ricos o qué? Se come y punto.

Así que llegamos destrozados a las 07.00, ponte a pelear el precio con los tuk-tukeros. Encima las peores carreteras están en los alrededores de la capital, creo que entre socavón y socavón había algún trozo de asfalto. Además nos paró la policía, empieza a mirar y hace bajar a uno de los integrantes. Tras diez minutos parados, vemos que el chaval empieza a soltar un buen montón de dinero al policía, vuelve al tuk-tuk y le pide más dinero, al que creemos que era su hermano pequeño. Al final, tras un par de miradas más, deja que nos marchemos. Resulta que con nosotros iban tres vietnamitas sin ningún tipo de identificación, supongo que intentando entrar a Tailandia. Al final llegamos, encontramos un hostel a precio decente y nos reunimos con Rubén y Emi para desayunar, antes de que cogiesen un avión hacia Hanoi. A nosotros nos tocaba decidir si teníamos energías para hacer algo, antes de morir.

Lo único que me atraía de esta ciudad era el Budha Park. No contrateis ningún tour, agencia ni tuk-tuk, es de muy fácil acceso. Hay que ir al mercado, junto a la estación de buses internacional hacia Tailandia. Allí preguntad por el bus que va hacia el Budha Park (olvidé el número), sólo cuesta 6.000 kips por trayecto, y en media hora os plantais en la puerta del parque. Ahora, a mí me decepcionó. Lo imaginaba más grande y con más vegetación, pero si no hay nada más que hacer, es rápido y barato (that’s what she said). Cuesta 5.000 kips, y en teoría te cobran 1.000 más si llevas cámara de fotos. La realidad es que a la chica de la entrada le da todo igual y si quieres colarte mientras le haces una foto en su cara, no te dirá nada.

Sofi en el Budha Park
Sofi en el Budha Park
Budha Park
Budha Park

Esta obra de arte/locura que creó un laosiano en 1954, espero que tras una buena sobre dosis de varios meses de LSD, junta cientos de estatuas de dioses budistas e hinduistas en un parque. Ya digo, pensé que era más grande y más verde, así que en media hora ya estábamos junto a la polvorienta calzada esperando el bus, mientras una masa de chinos llegaba montada en un bus con un envidiable aire acondicionado.

De vuelta a la ciudad, pasando por una tienda descubrí que aquí tienen unas falsificaciones de Lego, con personajes de Dragon Ball o de Marvel, a muy buen precio y por supuesto, me hice con unos cuantos. Ahora no dudo en entrar a cualquier juguetería buscando mi próxima minivíctima. Ya llevo en mi mochila seis, ¡pero sé que en Tailandia también hay!

Esa noche dejé a Sofi descansando en el hostal y me acerqué al mercado nocturno. Ningún turista, puestos llenos de bichos y niños laosianitos correteando por todos lados.

Ricos y sabrosos. Pumba
Ricos y sabrosos.    Pumba

Da gusto la seguridad que aporta Asia a tu viaje, después de sufrir Sudamérica… Caminar solo hacia el hostel por callejones oscuros, con algún farol parpadeante, saliendo vapor de las alcantarillas e ir tan feliz degustando tus pinchitos asados sin tener que estar atento a cualquier movimiento o mirando si alguien sale por detrás, es bien.

A la mañana siguiente desayunamos nuestro Fruit shake de cada mañana y nos comimos un croissant, aprovechando las últimas panaderías del viaje.

Panadería de Vientiane
Panadería de Vientiane

Dedicamos el día, antes de coger el bus nocturno hacia el sur, a visitar el cetro COPE. Para nosotros la visita más recomendada de la capital. Y si todavía dudas si hacernos caso, ¡es gratis y tiene aire acondicionado!

Entrada a COPE
Entrada a COPE

Este centro ayuda a todos los habitantes de Laos afectados por las bombas anti-persona /UXO / Clusterbombs o a la eliminación de éstas. Esta pequeña exposición está en Th. Khou Vieng, pasada la obra del nuevo World Trade Center que están construyendo, dentro de un hospital de rehabilitación de amputaciones. Su horario es 09.00-18.00.

Aquí puedes enterarte de la “Guerra secreta”, como afectó la Guerra de Vietnam a su vecino Laos, pese a ser neutral. EEUU no dudó en destruir todo el este de Laos, por si el Vietcong usaba ese terreno para desplazarse o esconderse. El resultado es que se acabó con todas sus vías de comunicación terrestre y el ejército estadounidense (el de la libertad y la democracia, ese mismo) dejó caer, sólo en Laos, más bombas que las que se tiraron durante la Segunda Guerra Mundial. De las cuales el 30% no explotó y esperan agazapadas como pequeñas trampas mortales. Cada ocho minutos se descargó un avión lleno de bombas en este país, dejando un tercio del territorio repleto de bombas anti-personas. Y es que cuando un avión americano no llegaba a lanzar las bombas contra su objetivo vietnamita y llegaba a Laos, antes de dar la vuelta y volver a la base, descargaba su explosivo cargamento. ¿Por qué? Pues porque para un avión de combate es peligroso aterrizar cargado de bombas, así que mejor dejárselas como recuerdo al tercer mundo, que devolverlas a su sagrado terreno. Sabiendo que el 80% de la población de Laos vive del medio rural, en una tierra que tiene enterradas esa cantidad de bombas, el resultado nunca puede ser bueno.P1030172

Cope te explica multitud de casos, tanto de muertes, amputaciones o cegueras, y qué se está haciendo para prevenirlos o ayudar a los afectados. Muy recomendable quedarse a ver varios de los documentales, tu mismo puedes elegirlos, están en inglés y alguno en alemán. Además se pueden hacer donaciones o comprar algo en su tienda, como esta fabulosa camiseta:P1030362

Y me despido por hoy, dejando la web de la organización, por si a alguien le interesa: http://www.cope.laos.org

Nada más, ahora simplemente vamos a comer y después a ver el atardecer en la Octava Maravilla del mundo antiguo, el Angkor Wat. Lo habitual 😉

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