Apocalypse Now II

Abro los ojos. Ya entra un resquicio de luz a través de la destartalada puerta. Estoy sudado, con la cabeza embotada y la boca pastosa. Me cuesta enfocar el techo, aunque tras un par de minutos de sentir la brisa del ventilador en mi cara, me despejo algo. Me incorporo al borde de la cama y reubico mi pene en el camal izquierdo del calzoncillo, con la libertad de la noche a veces se cree con derecho a moverse donde quiera. Los penes deberían nacer enseñados, moverse y colocarse en lugares cómodos por instinto. El camal derecho nunca lo es. Convierto mi mano izquierda en un parabrisas y barro la cortina de sudor de mi frente, antes de levantarme. Ya sé dónde estoy, cerca del horror.

Dos olas de agua fría contra mi cara me devuelven parte de la conciencia. No me gusta el hombre que me mira desde el espejo, ojos rojos, mirada ida y una mueca de la que no puedes fiarte. No me gusto, así que vomito contra el espejo, tapando mi alter ego y mejorando el estado de mi vientre. Mientras los restos de mi cena de ayer se deslizan por mi otro rostro, me animo al pensar que no soy yo el que lo limpiará. Ya más tranquilo me apoltrono en el váter, a probar suerte y a pensar.

Minutos después, con la mente más despejada, consigo echar a Obama de la Casa Blanca. Ya me siento listo. Vuelvo a la habitación y les despierto: – Sofi, François, ¡arriba! Kurtz nos está esperando.

Dejamos nuestras mochilas grandes en una cabaña/recepción del hostel y vamos al muelle. El bote nos cuesta 25.000 Kips a cada uno (2,7 €) y partimos en un recorrido de una hora – hora y media fabuloso. Si en Nong Khiaw te sientes protagonista de Apocalipse Now, aquí no lo sientes, lo eres. Estás realizando la larga travesía a través de la locura, en busca de Kurtz, en busca del “horror”. Eres algo consciente de lo que debió vivir Joseph Conrad para escribir El corazón de las tinieblas. Vivimos una sucesión de aldeas ribereñas, niños saludando, pastores de bueyes, y selva, selva y más selva, con multitud de montañas de fondo. Al principio te emocionas y no puedes parar de hacer fotos, hasta que te controlas. Entonces es uno de esos momentos en los que te relajas, miras por la ventana (en este caso, te asomas) y sonríes. Porque no lo puedes evitar, sólo sonries y miras embobado. Y piensas en lo afortunado que eres por estar viajando.P1010988

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El viaje se hace cortísimo y llegas a Muang Ngoi. Un pueblecito de una calle, que parece que está creciendo a marchas forzadas, por el turismo, pero que aún mantiene su encanto. Al llegar y antes de salir de excursión, intentamos buscar un sitio donde comer, pero fue casi imposible. Ahí es donde nos enteramos de que se estaba celebrando una boda en el pueblo. La pista de tierra, que hace de calle principal, estaba copada por una gran carpa, con el 90% del pueblo dentro, borracho. Hablamos de las doce del medio día. Allá donde íbamos a preguntar para comer, nos explicaban, a veces en inglés, otras por señas, que el cocinero estaba borracho en la fiesta. Al final acabamos encontrando una señora, suponemos que la marginada del pueblo, que nos vendió unas empanadas y cocinó arroz para François.

Sofi y François comiendo en Muang Ngoi
Sofi y François comiendo en Muang Ngoi

Tras la comida salimos de trekking. Desde Muang Ngoi es fácil acceder a cuatro aldeas de tribus y unas cuevas, donde se escondían los habitantes de la zona en la II Guerra Indochina y en la guerra de Vietnam (conocida como la guerra secreta, Laos se vió muy afectado por la guerra, pese a ser neutral. ¿Os interesa el tema? No os preocupéis, lo tocaremos más profundamente en otro post).  En estas aldeas se puede pernoctar en sus casas por 10.000 Kips e integrarte en su vida cotidiana (lo averiguamos cuando ya teníamos una habitación de hostel 😦 ). Días después conocimos a Xavi y Cris, que coincidieron en una aldea en la que había un funeral y otra en la que iniciaban la construcción de una casa. Y es que cuando muere alguien no es que se haga un funeral, sino que se celebra un funeral. Lo que tiene mucho más sentido que las estupideces que nosotros hacemos, de llorar, lamentar la muerte y todas esas mierdas. Ellos celebran la vida y lo hacen todos juntos en forma de fiesta. En el caso de iniciar una nueva vivienda, también hacen una fiesta. Al plantar los “cimientos”, dentro del área que contendrá la vivienda, se hace una fiesta durante todo el día, para traerle felicidad y buena suerte.  Y al día siguiente, con toda la resaca, hay que ponerse a trabajar en la construcción.

El camino es genial, caminas bordeando montañas cársticas, a través de campos de arroz y riachuelos, para llegar a las aldeas. La primera está a unas dos horas y después, cada media hora, puedes encontrar otra.

Sofi y François cruzando arrozales
Sofi y François cruzando arrozales

Sólo visitamos la primera aldea, por falta de luz, la noche se nos echaba encima y teníamos un rato de vuelta. Aquí se hace de noche a las 18.00.P1010940

De vuelta aún tuvimos tiempo de pararnos a visitar las cuevas. Nos adentramos durante veinte minutos por pasillos, pero viendo que llevábamos rato rodeados por la oscuridad total y que empezamos encontrar varios caminos posibles, decidimos volver y no morir buscando la salida. Podías adentrarte durante kilómetros.

Mi escultural figura al trasluz de la cueva
Mi escultural figura al trasluz de la cueva

Al volver, con el último resquicio de luz del día, François y yo decidimos probar la caña hecha por Hee. Estuvimos una hora intentando pescar, pero nada. Nos picaron varias veces y lo que más rabia daba era que veías saltar a los peces junto a nuestro improvisado corcho, pero no pudimos cenar nuestro pescado, como nosotros fantaseábamos (ya teníamos localizada la leña y todo). En nuestra defensa o como muestra de nuestra total incompetencia, hay que decir que el cerdo que nos regalaron y que usábamos como carnaza (nunca mejor dicho), ya olía un poco mal…

Yo pescando en Muang Ngoi
Yo pescando en Muang Ngoi

Nos retiramos pronto a descansar, tras una buena cena junto al río, pues tanto sol y caminar, cansa. Además, al día siguiente teníamos otro emocionante viaje por el río.

La vista desde nuestra ventana
La vista desde nuestra ventana

No hay mucho más que contar, nada remarcable o con lo que no me repita. Volvimos a Nong Khiaw, recogimos las mochilas e intentamos conseguir transporte a Luag Prabang. Antes dejamos a François, con la intención de volver a encontrarnos en nuestro siguiente destino. Al final, Sofi y yo, conseguimos los últimos sitios en una minivan hacia Luang Prabang, donde conocimos a Xavi y Cris. Pero eso es otra historia.

Debo añadir que lo único que lamento del viaje hasta ahora, es no haberme quedado más días allí. ¡No os vayáis pronto de Nong Khiaw y Muang Ngoi! Pasamos cuatro días, pero estad más. No veréis un paisaje igual en todo el país ni tendréis la vida campesina de Laos tan a mano como allí.P1010697

 

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4 comentarios en “Apocalypse Now II

  1. Muchas gracias Borja, por compartir vuestras experiencias. Llevo un par de semanas siguiendo vuestro viaje y me parece apasionante.
    Espero que Obama no salga reelegido. Sería un problema volver a tenerlo en la Casa Blanca.

    Le gusta a 1 persona

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