Apocalypse Now I

Tan sólo es cruzar un puente, un corto tramo sobre el Mekong, pero al pisar Laos ya ves y sientes que estás en otro país diferente. Conseguimos un tuk-tuk, regateamos bien y rápido y nos plantamos en la frontera antes que las minivans de las agencias. Allí cambiamos baths por dólares (no hagáis caso a quien os diga lo contrario, llevad dólares a Asia. Son necesarios en todas las fronteras, si no quieres pagar casi el doble por los visados. En ninguno aceptan euros.), no al primero que nos os lo ofreció, sino a a chica que vendía los tickets del bus para cruzar el puente, pues su tasa era mucho mejor.

Al contrario que todo el mundo, no fuimos al muelle (todo el mundo va en barco lento hasta Luang Prabang), pues la idea era seguir el consejo de Teresa y dirigirnos a pueblos del norte, así que cogimos un bus dirección Luang Namtha. Y menos mal, pues acabamos en el mejor sitio del viaje, hasta el momento.

Según empezamos a rodar por los kilómetros de Laos, me venía a la mente Colombia, pues la vegetación es exageradamente bella. Puedes avanzar cientos de kilómetros sin ver un metro cuadrado de tierra, solo frondosa selva que trepa por sus empinadísimos paisajes cársticos. Aunque luego ves los pequeños y simples pueblos junto al arcén, acompañado de la insoportable música laosiana sonando por los altavoces del destartalado bus, y mi mente vuelve a Bolivia.

Al llegar a Luang Namtha conocimos a Xiu Xiu y nos peleamos con un tuk-tukero, por lo que acabamos haciendo autostop hasta la ciudad, en un camión de sandías. Soy consciente de que posiblemente cometimos un error al no quedarnos más que una noche, pues los alrededores son espectaculares, pero Luang Namtha no nos transmitió buena onda y decidimos irnos por la mañana (posiblemente influidos por la pelea con el tuk-tukero y el frío). Dormimos en un “dorm” (¡sin ventanas! con toda la ropa encima y envueltos en nuestro propio vaho), donde conocimos a François. Típica conversación: “¿de dónde vienes, cuánto tiempo viajando, qué recomiendas, a dónde vas…?”. Y de manera casual, acabó desechando su próximo destino y decidiendo venir con nosotros hacia Nong Khiaw. Así que a la mañana siguiente partíamos los tres hacia allí en bus, con la compañía y ataques de risa que nos despertó Xiu Xiu.

Casi nueve horas de viaje a través de horribles carreteras e impresionantes paisajes, un bus y una minivan mediantes, llegamos a Nong Khiaw. Y de manera simple, fluyendo, inconscientemente, estábamos viendo el mundo desde los ojos del Capitán Willard.

Nong Khiaw
Nong Khiaw

Fue girar una curva y entrar en la película de Coppola.Nos habiamos convertido en unos jóvenes militares al borde de la locura, dentro de Apocalypse Now.

Nong Khiaw es un pequeño pueblo de tres calles en la ribera del Nam Ou. A un lado del río está el pueblo y al otro unas pocas Guest House y restaurantes. Casi sin turistas, había sitios de sobra (por lo tanto, muy apto para negociar precio) y los restaurantes estaban vacíos. Conseguimos una habitación de tres por 20.000 kips por cabeza, en Amphai Guest House. Y esa tarde nos dedicamos a gozar del paisaje, la tranquilidad y el atardecer.P1010753

P1010869Al día siguiente nos levantamos rodeados por la niebla, como cada mañana en Laos, pues la niebla invade tu vista hasta las 10.30 – 11.00. Hicimos una bonita y sencilla excursion a unas cuevas cercanas que usaban los habitantes para esconderse durante la II Guerra de Indochina. Pero saliendo de la última cueva nos vimos atrapados por las primeras lluvias del viaje. Aguantamos un rato charlando con un suizo y fuimos volviendo con tranquilidad, pues las nubes anunciaban más lluvias y nos fastidiaron la subida al View Point, por lo que tuvimos que buscarnos una actividad alternativa. François y yo decidimos intentar pescar, que puede sonar a algo sencillo, pero trajo un gran trabajo de producción.

Estuvimos un buen rato en la tienda del pueblo para dar a entender que queríamos hilo de pescar y unos cuantos anzuelos. Tras apuntarnos esta primera victoria, nos dimos cuenta que los anzuelos son distintos y no tienen ningún agujero por donde enhebrar el hilo. Fuimos al mercado, al puesto de “pescaderia” y pedimos si nos podían hacer el nudo pertinente. Fue el hijo de la pescadera quien acabó haciéndonoslo, mientras nos refugiábamos bajo el techo de bambú, mientras caía una tromba de agua frente a nosotros. Con la segunda victoria en el bolsillo, sólo nos quedaba la más difícil. Con los últimos resquicios de la tormenta aún cayendo, nos separamos por el pueblo para intentar que alguien nos dejase un machete. Qué fácil me suena decirlo, pero imaginad la situación: -“Hola, buenos días, buena mujer. Sería usted tan amable de prestarme su machete, es que quiero cortar un bambú para hacerme una caña de pescar.” – “Por supuesto, apuesto joven, aquí tiene la hoja más afilada de mi choza. Y no tenga su merced ninguna prisa en devolvermelo, no tengo que cortar nada hasta las 19.00”

Tras un rato de intentarlo a base de señas, no lo conseguimos. Así que nos envalentonamos y tratamos de hacerlo con nuestras navajas. Pobres ilusos, así dimos paso a la imagen más deplorable del viaje. Y eso que no la vi desde fuera, yo era el estúpido que con mi navaja trataba de penetrar el bambú. El que si que la vió desde fuera fue Hee, un joven laosiano que se acercó a nosotros riendo. Por suerte, debimos dar con el laosiano que mejor inglés habla del pueblo, que se ofreció a cortarnos y tallarnos la caña.

Hee, machetando nuestra caña
Hee, machetando nuestra caña

Durante el proceso de tallado, que duró casi una hora, estuvo contándonos cosas del pueblo, de Laos y su vida en general. Él tiene su propia piscifactoria, porque no le gusta los métodos que utilizan algunos pescadores utimamente, pues utilizan minibombas para “pescar”. Osea, las lanzan y recogen los peces muertos… Muchas de las cosas que nos contó las explicaré en otro post, pues hay cosas muy curiosas. También nos pidió consejos para montar su propio WWOOF en su granja/piscifactoria, cercana al pueblo.

Al final se nos hizo oscuro y no pudimos pescar. Pero había sido un día raro y estupendo. Todavía disfrutamos del atardecer y una buena cena, antes de retirarnos temprano a descansar, pues al día siguiente nos esperaba un bote. Nos íbamos a la caza del Coronel Kurtz.P1010825

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