Mae Salong

Como ya dije en el post anterior, teníamos claro que para ver tribus de la montaña del norte, no lo queríamos hacer en Chiang Mai o Mae Ho Song, pues son invadidas por las agencias. El sitio elegido era Mae Salong.

Este pequeño pueblo, junto a la frontera de Myanmar, aún sobrevive al turismo y tanto su centro como sus alrededores mantienen un aura auténtica y tradicional. En parte porque no es posible llegar hasta allí por agencia o en bus público. Nosotros tuvimos que coger un bus desde Chiang Rai, dirección Mae Sai, y pedirle al conductor que nos dejase en el cruce de Panang/Mae Salong. Allí pusimos en marcha la técnica autostopil asiática, que no se basa en levantar el brazo y el pulgar, error. Aquí hay que elevar el brazo en dirección a la calzada, con la palma abierta y mirando hacia abajo. Entonces mover repetidamente el brazo arriba y abajo. Una vez sabiendo esto, es una gozada hacer autostop en Asia, desde entonces lo hemos usado todos los días.

Mae Salong
Mae Salong

Lo más curioso de este pueblo es que es más chino que tailandés. Sus habitantes usan el chino, casi todos los letreros están en thai y chino y cocinan algún plato típico del gigante asiático. La razón es que en 1949, en pleno apogeo de la revolución comunista china, algunos de los opositores tuvieron que huir. Uno de esos grupos militares se trasladó primero a Birmania y en 1961 a este emplazamiento tailandés, donde se afianzaron con la idea de preparar un contraataque. Para ello estuvieron años financiándose con el cultivo del opio, hasta que el gobierno tailandés les ofreció la nacionalidad a cambio de que luchasen contra los grupos comunistas dentro de Tailandia y cambiasen el cultivo de opio por el de té. En la actualidad es una de las zonas con más plantaciones de té y café del país, aunque aún es muy fácil conseguir opio en la zona y no es raro que te lo ofrezcan en las aldeas.

En tan sólo dos cambios de coche conseguimos llegar hasta el pueblo, atravesando los mejores paisajes que hemos visto hasta el momento en Asia. A ambos lados del camino lleno de campos de arroz, plantaciones de té, montañas al fondo y muchos montículos montañosos, totalmente verticales y escarpados, que parecen tan sólo una pequeña degustación de lo que culminará en la bahía de Halong. Al llegar encontramos en seguida el Shin Sane Guest House, posiblemente el hostel más barato de Tailandia (50 Bht/día = 1,25€), con agua caliente, wifi, lavandería gratuita…

Tras instalarnos nos dedicamos a hacer un primer reconocimiento del pueblo, visitar el mercado de la tarde (organizado por las tribus de la montaña) y probar el famoso té de la zona.

Sofi en la tetería
Sofi en la tetería

Esa noche nos dimos cuenta de que los únicos turistas del pueblo eran argentinos o chinos. De hecho cenamos con Matías, Estaban y Santi, con los que coincidiriamos bastante en los siguientes días. Y nos fuimos a dormir pronto porque a las 7.00 estábamos en el mercado matinal desayunando churros (una bolsa llena, 10 Bht = 0,25€). Ese día salimos de excursión hacia las aldeas de las tribus Akha. Fueron casi cinco horas de sube y baja continuos que nos destrozó los gemelos y rodillas, pero que verdaderamente valieron la pena. Durante todo el recorrido te rodeaba un paisaje espectacular, repleto de plantaciones de té y café, y por el que atravesabas cuatro aldeas.

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Durante el paso por las aldeas se te acercan los niños a saludar o los más tímidos se esconden, pero sin dejar de espiarte. De lo mejor de Tailandia es el trato con los niños (y me parece muy raro que sea yo el que diga esto).

Cuando paseábamos por la segunda aldea se nos acercó un abuelita y a base de señas nos llevó a su casa. Allí, lenta y seximente, empezó a deshacerse de toda su ropa y empezó a untarse un bote de miel por todo el cuerpo… En realidad no, pero la anécdota hubiese sido divertida.  Sí que nos llevó a su casa, y allí nos puso dos “asientos”y nos ofreció plátanos y agua (que evitamos beber). Compartimos alguna de nuestras mandarinas con ella y empezó a enseñarnos todo tipo de joyería o ropa que hacían a mano, para que servía cada una y cómo ponérsela. Suponemos que su objetivo era vendernos algo, que para ella seríamos algo similar a billeteras andantes. Pero para nosotros la situación de que nos invitara a su casa, nos ofreciera comida y brevaje (cual taberna en medio del camino), pudiéramos entender algo mejor cómo viven y compartiéramos una conversación de media hora, solamente a base de señas y gestos, de alguna manera nos llenó y emocionó.P1010639P1010644P1010637

Esa noche volveríamos a cenar con los tres argentinos y al día siguiente, casi sin quererlo, pero con gusto, haríamos el viaje con ellos hasta Chiang Khong, la frontera de Laos.

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2 comentarios en “Mae Salong

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