La búsqueda del Unicornio

Esta vez el video musical lo pongo antes, porque esta canción merece ser escuchada mientras se lee el post:

Han sido 250 días.

Seis países; Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.

29.380 km en avión,

18.375 km en bus, coche, camión, camioneta, moto, buggie, furgoneta…

150 km en tren,

55 km en bicicleta,

85 km en barco, barcas, balsas, lanchas, yates…

incontables kilómetros caminando

y solo una diarrea.

Ahora estoy en el aeropuerto, esperando a coger el avión de salida de Sudamérica y no soy consciente de si este viaje me ha cambiado o me hace ver claro mi futuro, pero si que me llevo un montón de momentos, gente, historias, lugares, tonterías, cagadas… Los que vienen a continuación son los que ahora más me vienen a la memoria:

1. Los más de tres meses en Huala. Sintiéndome más libre que nunca y aprendiendo otra forma de vivir, que quiero hacer mía y que al menos en parte, me acompañe siempre. Bailar con las gallinas, poniéndoles música, para que diesen más huevos y ¡que funcionase! Las noches llorando de risa.  Y crear una pequeña familia con Dalva, Sophie, Juan, Pey, China, Flora y Tifus.

Una comida cualquiera con Dalva, Juan y Sophie
Una comida cualquiera con Dalva, Juan y Sophie

2. El mes y medio de viaje por Chile con Sophie, porque difícilmente podría haber encontrado una mejor compañera, todo fue muy fácil y funcionó muy bien.

Con Sophie en el cráter de Raro Ranaku, Isla de Pascua
Con Sophie en el cráter de Raro Ranaku, Isla de Pascua

3. La sensación al conseguir llegar a la cima del Villarrica, tras llevar cuerpo y mente, casi al límite.

Los Andes desde el Villarrica
Los Andes desde el Villarrica

4. La noche que dedicimos ir a Isla de Pascua. Bebiendo cerveza, un poco borrachos, Sophie me comentó que había mirado billetes (yo hasta el momento, ni me lo había planteado, por los precios). Y desde entonces hasta diez días después que volamos, no se me quitó la sonrisa de la cara. Al día siguiente fuimos a averiguar si el precio visto por Sophie era verdad,  cuadrar las fechas y ver cómo podíamos gastar menos en un sitio carísimo que se salía de nuestras posibilidades.

5. No entender lo que veían mis ojos en Isla de Pascua, ni los paisajes ni la cultura.

Amanecer en Tongariki
Amanecer en Tongariki

6. Loa sucesión de paisajes imposibles, a 5.000 metros de altura, hasta llegar al Salar de Uyuni.

Paseando por el Salar de Uyuni
Paseando por el Salar de Uyuni

7. La tranquilidad interior que me aportó el caos de la Paz.IMG_93118. Cumplir el sueño de visitar Tiwanaku.

La puerta del Sol de Tiwanaku
La puerta del Sol de Tiwanaku

9. Las incontables veces que tras varias horas de viaje, no podía contener la sonrisa, al mirar por la ventana y recordar donde estaba 🙂

10. El sufrimiento que me supuso llegar a Machu Picchu, debido a mi incontinencia fecal de varios días, pero al final lograrlo.IMG_041211. Pasear los increíbles paisajes de la selva de Chachapoyas a 3.000 m.s.n.m. y descubrir su inexplicable cultura.

Catarata Gocta
Catarata Gocta

12. Compartir con Teresa nuestras mutuas experiencias de mochileros/viajeros a través del mail, uniendo Asia con Sudamérica.

13. Notar como rugía la tierra con las explosiones del volcán Tungurahua.

Columna de humo del Tungurahua
Columna de humo del Tungurahua

14. Los días solitarios, sin turistas, por los valles de San Agustín.IMG_127615. La sensación de velocidad al montar en Brujita.

La Brujita en marcha
La Brujita en marcha

16. La tranquilidad de Salento.IMG_144917. Disfrutar de la casa y la sabiduría de Clemencia.

La cocina de Caucaya
La cocina de Caucaya

18. Visitar Pueblito, en Tayrona. Y esa noche delante de la fogata, leyendo fragmentos seleccionados de Borges, Benedetti y Bukowski, junto a Elena y Mariajo.

Pueblito
Pueblito

19. Imaginarme en muchos momentos estando acompañado de algunos amigos y reírme con lo que hubiese podido pasar…

Y tantas otras cosas de las que pocos o nadie más que yo se enterará… Y es que lo he hecho, extrañamente sin morir en el intento, y estoy orgulloso de mí por ello 😀

Además hay una cosa muy buena, y es que no he encontrado al unicornio. No es un fracaso, para nada, él sigue ahí fuera y yo lo voy a encontrar. Es una nueva oportunidad. Esta sólo ha sido la primera expedición y desde luego, no la última. Aún quedan muchas partes donde buscar, solo que la próxima vez iré con más experiencia y herramientas.

¡Hasta pronto Sudamérica!

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