Caimalito

Llegué al pueblo indicado por Elena (pese a sus confusos mails, en los que parecía que me comunicaba más con el corrector ortográfico, que con ella) y antes de ir en su búsqueda, decidí ir a llenar mi panza. Creo que fue el movimiento adecuado, porque cuando me dirigía a buscar el punto de encuentro, me las encontré cruzando el puente, mientras iban cantando para invocarme. ¡Funcionó!

Muchos me tienen envidia, por mis compañeras de viaje...
Muchos me tienen envidia, por mis compañeras de viaje…

Elena y Mariajo estaban participando en un proyecto social, en la creación de una escuela-taller en un pequeño barrio marginal, cerca de la ciudad de Pereira.  Ellas dieron inicio a lo que se pretende que acabe siendo un taller de trabajo en el que enseñar y compartir formación con los jóvenes del barrio. Al final me quedé por allí seis días, mientras acababan el proyecto, ayudando en lo que pudiese. A través del proyecto se intentaba recuperar una espacio abandonado (la antigua estación de tren) para el uso social de la comunidad, atraer a los habitantes a una interacción social entre ellos y gente de fuera, compartiendo y aprendiendo de las experiencias mutuas y que pueda ayudarles a mejorar su entorno y calidad de vida.

Trabaajndo en el proyecto
trabajando en el proyecto
Trabajando en el galpón de Caimalito
Trabajando en el galpón de Caimalito

El barrio, Caimalito, es una zona muy pobre, donde se mueve bastante droga y prostitución, es bastante peligrosa. Alguno de los colombianos participantes del proyecto decía que sin todos los extranjeros por allí, no podía bajar al barrio. Cuando hablas con los niños y jóvenes de la zona, los ves como muy maduros, como si ya hubiesen pasado por muchas experiencias duras y se hubiesen tenido que enfrentar a demasiadas cosas. Es una lástima, porque muchos no van al colegio y empiezan a moverse en malos círculos… A la vez preguntaban y sentían mucha curiosidad por cómo es la vida fuera de allí, saber cómo se vive en Europa o qué hay de diferente. Puede que el proyecto ayude a varios de estos jóvenes, pero se necesita mucho trabajo de campo en esa zona para cambiar algo. Mientras las chicas estaban trabajando en el taller, se estuvieron alojando en una finca cercana, la finca de Clemencia. Que también me acogió a mí durante mi estadía. La finca es alucinante. Un mar de colinas verdes, tal como te imaginarias que es la Comarca de El señor de los anillos, aderezada con algún guadual y coronoda por dos casas hechas sólo con guadua (un tipo de bambú). La casa principal era enorme, brutal.

La casota de Clemencia, toda de guadua
La casota de Clemencia, toda de guadua

La casa que cualquiera soñaría. Nosotros nos alojábamos en una pequeña casa cercana, también toda de guadua, sin electricidad ni agua caliente.

Nuestro cuarto
Nuestro cuarto

Al ver que recibía voluntarios por recomendación, me he quedado con el contacto, para pasárselo a Sophie. Porque quien pueda disfrutar de ese entorno, será un privilegiado. Y porque allí se aprende mucho, pues Clemencia es como un gurú con patas. Elena y Mariajo están convencidas de que se podría hacer un libro sólo con sus sabias frases. Y su hijo debe ser la persona más activista que hay en todo Colombia. Hemos podido aprender mucho sobre la realidad Colombiana y entender mejor el país. Un país que vive en guerra desde hace años, aún hoy en día, en el que la crueldad, lucha de poderes y miedo lo han movido todo.

Ahora estamos en Medellín, muy acalorados, aclimatándonos para el Caribe.

https://www.youtube.com/watch?v=rGKfrgqWcv0 https://www.youtube.com/watch?v=yNuPf8siX_8

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