¿la Paz?

El caos domina la ciudad, es cierto, pero yo no lo he sentido así. Quiero decir, lo ves, lo oyes, está ahí, pero me he tomado estos días de manera tan relajada… La verdad es que la Paz, después de Valparaíso, es la ciudad que más me ha gustado. Toda ella es una sorpresa, sólo hay que atreverse a entrar.

El tráfico de la Paz
El tráfico de la Paz

Es una ciudad de unos 950.000 habitantes, el centro y 2.500.000, el área metropolitana. El centro de la ciudad está encajado en un valle a casi 4.000 metros sobre el mar, por lo que, difícilmente podrá crecer más. Las laderas ya están todo lo llenas que se puede.

La Paz desde el mirador Killi Killi
La Paz desde el mirador Killi Killi

El primer día me perdí totalmente, pues cuando empiezas a subir, ninguna calle es recta, muchas no tienen el nombre puesto y encima, los nombres reales no coinciden con los de los mapas… Pero creo que en eso se parece a Valparaíso, no tiene mucho para visitar, lo mejor es ir perdiéndose y encontrándose. Pues tras cada esquina te esperan sorpresas. En algunos aspectos puede parecer una ciudad europea, pero nada más lejos de la realidad. Los tipos de tiendas, bares, antros, puestos callejeros o el comportamiento de la gente, sigo sin ser capaz de cuadrarlos u ordenarlos, no los entiendo. No sé cuándo le caes bien o mal, cuando molestas o quieren que te unas…

Calle Jaén, la única que conserva la estética colonial
Calle Jaén, la única que conserva la estética colonial

Me he perdido bastante (alguna vez por zonas que luego me han dicho que no debería pisar), pero es que no he sentido esa sensación de peligro o precaución de la que todo el mundo habla. Encuentras actividad en toda la ciudad, está lleno de mercados al aire libre y cerrados, puestos de comida y de zumos, ¡qué zumos! Soy gran fan de la hora de comer, pues lo que hago es seguir a algún grupo de obreros locales y entro, donde ellos entren. Confieso que he llegado a entrar a una ferretería, esperando que me diesen de comer. Pero he acabado en sótanos o áticos, compartiendo mesa con ocho trabajadores, y es en estos sitios donde mejor y más barato he comido. Eso sí, no esperes que sean muy pulcros, algunos platos te los sirven directamente con la mano. Otra de las cosas sorprendentes de la Paz son sus patios, nadie habla de ellos, ni en la guía ni en la oficina de turismo. Pero tras descubrir un par el primer día, ahora entro por cualquier puerta de la que salga luz, y descubres que la mayor herencia colonial de la ciudad, está en su interior.

Un patio, no recuerdo dónde, me colé en tantos
Un patio, no recuerdo dónde

El caos de la ciudad sobre todo viene del tráfico, pues casi todo circula por la zona central del valle, en las laderas hay mucho menos. La ciudad, debido a su ubicación, no tiene ni metro ni tranvía, lo que deriva todo en tráfico automovilístico. Pero lo que sorprende es que no hay tanto coche particular, lo que hay son multitud de buses, micros y taxis (oficiales y no). Y todos ellos luchan por conseguir clientela. La mayoría de estos transportes circulan lento, con alguien gritando por la ventana el lugar de destino, tocando la bocina para llamar la atención y parando donde les place. Si a eso añades que casi no se respetan las señales de tráfico o a los peatones y que la solución para cualquier atasco (cada dos esquinas), es tocar la bocina…

Bus junto a mi mercado preferido, Mercado Lanza. ¡Qué zumos!
Bus junto a mi mercado preferido, Mercado Lanza. ¡Qué zumos!

También me ha sorprendido la cantidad de militares que hay por la calle. Eso sí, no imponen nada, si a mí me llegan por el hombro… Y es que en este país, ¡SOY ALTO! Ahora que ya sé qué se siente, preparaos todos los que me superáis en estatura, ya he estado en vuestro lugar, ¡ya sé cómo venceros!

Plaza Murillo, con la Catedral
Plaza Murillo, con la Catedral

Vamos, que estoy encantado con la Paz, de la cual pienso seguir disfrutando dos días más (¡y de sus zumos! por si no he hecho suficiente hincapié). Aunque mañana haré una incursión a Tiwanaku, cultura muy olvidada, de la que soy muy fan, desde que leyese “El origen perdido”, de Matilde Asensi. Que por supuesto pienso acabar esta noche 😀

Hoy de banda sonora, dejo un par de recomendaciones bastante nuevas:

Un nuevo grupo catalán, que saca su primer disco y os podéis bajar gratis en el mismo enlace. Pinta bien el comienzo de la banda.

Y el proyecto conjunto de Steven Wilson (Porcupine Tree) y Mikael Åkerfeldt (Opeth), del que se habló muy poco y es una auténtica maravilla.

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