Kilómetros de arena, viento y sal II

Amanecimos antes que el día, cuando todavía no asomaba el sol, nosotros nos adentrábamos en el salar. No se veía nada, sólo se distinguía una enorme planicie. Avanzamos durante casi una hora, sin entender, cómo el conductor podía guiarse en medio de la nada.

Al final, en los momentos en los que empezaba a asomar el primer brillo solar, llegamos a la isla Incahuasi. Se trata de una isla bastante grande que surge en medio de la planicie, un lugar inca sagrado. Es donde paraban a descansar y observar la ruta por la que continuar, cuando cruzaban el salar. Desde arriba podían ver qué camino era el más propicio para seguir y conseguían agua de los cáctus para ellos y los animales. En ella también construyeron una puerta del sol, para en cada amanecer recibir toda la energía del sol. Tal cómo hicimos nosotros.

Amanecer en isla Incahuasi
Amanecer en isla Incahuasi

En la isla se encuentran cáctus de más de 13 metros de altura, teniendo en cuenta que crecen un 1 cm por año, ya tienen sus años.

Yo, midiéndome con un cáctus
Yo, midiéndome con un cáctus

El mejor momento llega cuando el sol supera el horizonte y los primeros rayos de luz se encuentran con la sal. En ese momento alucinas viendo como con cada centímetro que se eleva el sol, un manto blanco empieza a rodear la isla y todo el paisaje que abarca tu vista. La imagen impresionaba.

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Después desayunamos y continuamos cruzando el salar. Creo que impresiona mucho más el salar, cuando estás en medio, incluso más que desde la isla. Todo lo que ves es blanco y montañas que se reflejan al fondo, como si fuesen un espejísmo. No puedes llegar a hacerte una idea de los grande que es. Estuvimos un buen rato disfrutando del paisaje y haciendo tonterías con las cámaras.

Caminando por el Salar de Uyuni
Caminando por el Salar de Uyuni
El grupo tontenado
El grupo tontenado
Junto al hostel de sal
Junto al hostel de sal

Todavía tardaríamos unas horas en salir del salar y lo hicimos para dirigirnos al cementerio de trenes de Uyuni. Hay una explanada enorme, llena de trenes antiguos que han pasado a mejor vida. Algunos tienen más de cien años y se usaban para sacar la plata de las minas de Potosí, hacia fuera del país. Un lugar, que merece la pena visitar.

Un tren para dominaros a todos
Un tren para dominaros a todos
Vista del cementerio de trenes de Uyuni
Vista del cementerio de trenes de Uyuni

Y así acabamos nuestra aventura. Todavía tuvimos tiempo de compartir unas cervezas y el partido de Brasil – Chile, antes de que todos volviesen hacia San Pedro de Atacama y nos quedásemos Jong y yo por Uyuni. Hasta que yo cogí un bus por la noche y he amanecido en la Paz. Hecho mierda y sin ningún plan aún, pero ya lo dejaremos para mañana, el viaje ha sido muy duro…

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