Isla de Pascua II: extraño paraíso

Ya ver la isla desde arriba, llegando con el avión, es un espectáculo (jijijijiji, “culo”, que grosero). La isla es de formación totalmente volcánica. Tres grandes volcanes formaron su superficie, pero después surgieron más de veinte volcanes menores. Todos se pueden apreciar perfectamente desde el cielo.

Nada más llegar, en el trayecto entre el avión y la miniterminal, fui quitándome casi toda la ropa. ¡Volvíamos al verano! Y es que los tres primeros días tuvimos sol y temperaturas entre 24º y 18º. Nos recogió el encargado del camping y, tras colocarnos unos collares de flores, nos llevó hasta el lugar de acampada. Allí plantamos nuestras tiendas prestadas.

De camping
De camping

Esa tarde recorrimos el pequeño y único pueblo, Hanga Roa. Allí te encuentras con los primeros moais y no puedes evitar emocionarte. Aunque con los días, dejas de emocionarte con todos, pues hay más de mil por la isla, pero hay algunos emplazamientos que siguen dejándote sin aliento. Visitamos el museo antropológico (muy recomendable antes de empezar a recorrer la isla) y vimos el atardecer en Tahai.

Atardecer en Tahai
Atardecer en Tahai

Los dos días siguientes fueron un no parar y casi no dormir. Visitamos Orongo, pueblo sagrado, donde se realizaba la prueba del hombre pájaro. Pero lo más impresionante, es que el pueblo está en la cima del volcán Rano Kau, a un lado los acantilados y el mar y al otro el cráter (1.500 metros de diámetro).

Cráter del volcán, Rano Kau
Cráter del volcán, Rano Kau

Allí hicimos contacto con Kako, un guía rapa nui, que días más tarde nos salvaría la vida. Antes de comer alquilamos un coche (no pudimos encontrar más gente con quien compartirlo) y nos fuimos a recorrer la parte norte. Al conducir se debe tener bastante cuidado, porque está lleno de caballos y vacas en libertad, que circulan y cagan donde quieren. Tanto en carreteras como vestigios arqueológicos, y es que la isla entera son restos arqueológicos. En cualquier sitio que pares, encontrarás algo (encontramos herramientas y restos de flechas) y muchos lugares no están ni señalados. Vale la pena perderse y explorar.

IMG_8824Esa tarde descubrimos, el que se convertiría en nuestros sitio preferido de la isla, la playa de Anakena (está incluida en el Top 10 de “Mejores playas del mundo”). Playa de arena blanca, agua transparente, palmeras, hierba, caballos, vacas y los moais más definidos, los de la realeza rapa nui.

Atardecer en la playa de Anakena, completamente solos
Atardecer en la playa de Anakena, completamente solos

Al día siguiente madrugamos para ver el amanecer en Tongariki, donde encuentras los impresionantes 15 moais de pie. Es un sitio perfecto para ver el amanecer, porque por detrás de los moais sale, por encima del mar, el sol. Y al otro lado podíamos ver la luna llena sobre el volcán Ranu Raraku.

Tongariki de madrugada
Tongariki de madrugada
Amanecer en Tongariki con el volcán Ranu Raraku al fondo
Amanecer en Tongariki con el volcán Ranu Raraku al fondo

Y luego visitamos Ranu Rarako, el volcán/cantera, donde se hacían todos los moais. Allí, esperando a que abriesen, conocimos a Nano, otro guía rapa nui. Iba con tres señoras americanas, pero no sabía hablar inglés, así que le propusimos hacer de intérpretes y a cambio, realizar el tour con sus explicaciones. Y así hicimos. Este es otro de los lugares que impresionan, por la cantidad de moais tirados, medio enterrados o a medio acabar que reune y por la belleza del volcán. Aquí se puede encontrar el primer moai que se realizaron y también el más grande, de 22 metros de altura y más de 1.200 toneladas.

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Cráter de Rano Raraku, cantera donde se hacían los moais
Cráter de Rano Raraku, cantera donde se hacían los moais

Acabamos de recorrer toda la costa y todavía aprovechamos para disfrutar un baño más en Anakena y ver el atardecer en Tongariki. Luego volvimos al camping a cenar y dormir, o intentarlo…

Ir en temporada baja a la isla, es casi perfecto, no te encuentras a casi nadie. Vimos atardeceres o amaneceres en Anakena o Tongariki (los sitios más famosos), completamente solos. Y visitamos Ranu Raraku, donde más moais hay, casi en soledad. El único problema, es que te puede pillar alguna tormenta…

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