La ciudad bajo la nube

Y de repente, aparecimos en Europa… Y es que nada más bajar del bus y pisar Santiago, te sientes como en Europa.

<Interrumpo el relato de mis vivencias para explicar qué ha pasado mientras escribía. Fuera está lloviendo a mares y de repente hemos visto como explotaban dos transformadores. Al principio ha sido como si cayese un rayo aquí al lado, se fuese la luz 10 segundos, volviese la luz y volviese a caer otro rayo, todavía más cerca. Ahora creemos que es que han explotado dos transformadores, pues sale humo de dos sitios y ya no hay luz. Lo raro es que no hay electricidad en todo el piso, pero funciona internet… Siempre, ¡bendito internet!>

Lo dicho, al llegar a Santiago, te da la sensación de poder estar en casi cualquier ciudad europea. Es más, al entrar al metro, esa sensación se multiplicaba para mí. Y es que luego mirando, he podido ver que el metro de Santiago está hecho por la misma empresa española que hizo el metro de Barcelona. Todo es igual, la fuente de los letreros, los colores, los vagones… Y hemos vivido con esa idea de Santiago = Europa, hasta que hemos paseado por el centro. De repente notas que le falta un centro antiguo. Tiene edificios antiguos, pero no están juntos y creo que lo más importante, es que no hay espacios abiertos. No hay casi plazas, y excepto al lado del rio, no hay parques planos. Los parques son colinas o cerros, por lo que, pese a aportar una zona verde bastante grande, no aportan una sensación de apertura y espacio abierto. Además, las edificaciones antiguas no están muy cercanas, no hay una sucesión, sino que tienes que ir a buscarlas entre edificios altos y ningún apertura urbana.

Pese a todo, tiene sus cosas buenas; la cordillera andina rodea a la ciudad y la ves desde toda la ciudad y pese a ser una ciudad de 5,5 millones de habitantes, las calles no están para nada saturadas. De todas maneras hay una característica principal de Santiago, y es que casi siempre está tapada y rodeada de una nube de humo. Aquí le llaman el “Smoke de Santiago”. Siempre hay como un filtro que tapa los edificios, el cielo y las montañas, excepto cuando llueve, que desaparece. Mañana parece que hará buen tiempo y aprovecharemos para subir al cerro más alto de Santiago, después de la lluvia, para poder tener una panorámica completa.

La bruma eterna de Santiago
La bruma eterna de Santiago

En Santiago estamos alojados en casa de Germán, el mismo que nos trajo desde Lago Puelo hasta Pucón. Estamos en el barrio de ricos de Santiago, todo con vallas, limpio, señores de seguridad, edificios muy altos y con vistas… Aunque hay que decir que Santiago es la ciudad más segura de las que he visitado hasta el momento (ni comparación con Buenos Aires).

De momento nos hemos cansado de caminar dos días por Santiago. Es enorme y las distancias en el mapa engañan, aunque realmente no hay mucho que ver. Hoy ya nos hemos dedicado a ir a mercados y visitar lugares de comer y beber. Por ejemplo, hemos visitado el antro más famoso de la ciudad, “La Piojera”. Es como una galería en la que avanzas consecutivamente por barras de bar y mesas, en las que no se distingue qué pertenece a cada local (y creo que les da igual). Sólo hay chilenos borrachos bebiendo Terremotos (vino blanco mezclado con vino pipeño, helado de piña y Fernet o granadina. Todo de medio litro como mínimo). Hemos ido a las 15.30 y ya estaba la cosa bien animada, no quiero ni imaginarme por la noche. Pero el sitio me ha encantado; el ambiente decadente, rodeado de grafitis, viejos cantando y todas las bebidas servidas hasta rebosar, (literalmente, las barras son piscinas etílicas, donde si te duermes, te quedarás pegado para siempre).

¿La entrada al paraíso?
¿La entrada al paraíso?

Es la segunda cosa que más me ha gustado de Santiago, la primera, los predicadores callejeros. Cuando caminas por el centro te encuentras predicadores, biblia en mano y vestidos elegantemente, que van gritando la palabra de nuestro señor. Y cuando digo gritar, es que lo escuchas tres esquinas antes de encontrártelos. Gritan perlas como: “Dios quiere que te humilles ante él”. ¡Fabuloso! ¡Halleluya! Amemos al señor, para que pueda escupirnos en la cara, mientras se carcajea. Mi apuesta con Sophie, es que la próxima vez que me encuentre a uno, me acerque a debatir con él (mejor si coincide al salir de la Piojera). Excepto si es la vieja loca. Vimos a una señora predicadora, que si le hablas, la única posibilidad es que te salte al cuello y no pare de morderte hasta que te haga un agujero de tal diámetro, que pueda cagarse dentro, sin que rebase ni una pizquita de mierda fuera.

Bueno y todavía no he dicho lo mejor de los últimos días. El día que llegamos a Santiago, estábamos un poco bebidos en un cervecería (con cerveza casera), y Sophie dejó caer que había visto unos billetes extraordinariamente baratos, mucho más de lo que cualquiera podía esperar. Así que al volver nos pusimos a mirar y sí, temporada baja y sacándolos con una tarjeta chilena (la de Germán), eran muy baratos. Así que no lo pensamos mucho y los sacamos, trastocando todos nuestros planes de viaje. Y ¡tenemos billetes para la Isla de Pascua! Nos iremos el jueves 12 y nos estaremos una semana por allí, visitando el ombligo del mundo. Supongo que desde que vuelva tendré que comer piedras y vender mi cuerpo en las esquinas para poder llegar a Colombia (donde, noticia también, espero encontrarme con Elena en Agosto o Septiembre), pero era una oportunidad única. No se podía dejar pasar, nunca volveré a tener la oportunidad de volver allí y menos a ese precio. Vamos por 300 euros, cuando normalmente valen entre 700 y 1200 euros desde Santiago. La idea allí es llevarnos toda la comida desde aquí, hacer couchsurfing o camping y autostop o bici. Pero me voy a conocer la cultura de la que tanto he leído y escuchado, ¡los Rapa Nui!

Momentos musicales:

 

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Un comentario en “La ciudad bajo la nube

  1. Anónimo

    Aceptamos que nos relates tu viaje, que deseemos estar en tu lugar, pero coño, que nos llegues a matar de envidia !!!!!!!!!!! es intolerable.!!!!
    Pues pa fastidiar, este fin de semana nos iremos a la Illa des Porros………… no hay cabezas de piedra, pero estarán las nuestras, tant mateix…..
    Besos muchos y que tengáís suerte con el tiempo.

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