Felicidad sin dinero

He tenido problemas para titular el post, pero me parece más o menos acertado. Estoy feliz y trabajo más de 8 horas al día. Es la primera vez que trabajo y a la vez siento que no trabajo para nadie. Que trabaje más de 8 horas al día, no tiene nada que ver con la jefa, Dalva, ella nos deja casi total libertad para elegir tareas, horarios o días de trabajo. Pero apetece estar haciendo algo, ves que hay tantas cosas por hacer, que; ¿cómo las vas a dejar a medias o sin hacer? No hay nadie más que las vaya a hacer y si no se hacen, se van a echar cosas a perder. Es un poco tener la sensación de que recoger y cuidar a las verduras, frutas, animales… es estar encargándote de la tierra. En el fondo no trabajas para nadie si acaso, para tí. Suena muy hippie, lo sé. Tanto que tras escribirlo, se me ha caído un poco de vómito sobre el teclado, pero así es. Deal with it!

Por la mañana me levanto sobre las 8.30, desayuno y me voy a la huerta. Allí estoy unas 3 horas yo solo trabajando. Y me llevo mi cajita de música, para ponerle música a las gallinas. Me he hecho con su cuidado y le he apostado a Dalva, que van a darle más huevos que nunca. De momento, los días que más han puesto, han sido los días que he puesto heavy, Metallica u Opeth.

ImagenLuego se ayuda a hacer la comida. Que también es tema a parte, pese a todo el trabajo, voy a acabar engordando… Casi todo es de aquí mismo, hay: lechugas (4 tipos), acelgas, tomates (de 5 tipos), patatas, cebollas, zanahorias, puerros, calabazas (4 tipos), nueces, orégano, albahaca, peras, manzanas, melocotones, ciruelas, moras, frambuesas, huevos, miel (hay abejas) y alguna cosa más. Se decide qué se come y te das una vuelta, recogiendo lo que necesitas. Y hay que ver como cocinan Dalva y Sophie… No he dicho que aquí vivimos cuatro, fijos. Yo y todo mujeres, Dalva (la dueña), Emily (una suiza, que no trabaja aquí), Sophie (la otra wwoofing) y China (la perra). Pero luego siempre hay amigos de Dalva o incluso clientes del hostal, que interactuan. Las comidas son como el ritual en el que todos colaboramos y nos sentamos a comer juntos. Hemos establecido que la comida más importante es el desayuno, las otras tienen otras funciones no tan enfocadas a la alimentación. Por ejemplo, la comida, es la excusa para hacer después la siesta. Aunque yo no la hago, me quedo en la hamaca leyendo y pendiente de si llega algún cliente al hostal. Y la cena es la excusa para acompañar al vino.

ImagenPor la tarde normalmente elaboramos mermeladas o frutas en conservas, aunque a veces ayudamos a Pey (Pedro, el hijo de Dalva) a construir su casa. Es muy interesante y entretenido, todo con bioconstrucción. El primer día que fuimos a ayudarle, había por ahí cervezas y estaba sonando el Scenes from a memory de Dream Theater, unos de mis discos preferidos 🙂 También tendremos que ayudar a acabar de construir el granero de Dalva.

De nuevo, para la cena, nos volvemos a reunir y más o menos todos colaboramos con algo. Ahí cae, mínimo, una botella de vino. Y muchas de las noches, para bajar todo lo comido, nos vamos con China al lago. Es un paseo de 2 km hasta el lago, por el medio de la carretera y donde se pueden ver multitud de estrellas. Justo al lado del lago, a veces se reune un grupo astronómico, a observar el cielo con telescopios.

ImagenEn la foto a orillas del lago, de izquierda a derecha, están: Sophie, Germán (amigo/cliente del hostal), Emily, China, Dalva y Juan Pablo (amigo de Germán).

Este fin de semana Dalva se va y nos quedamos Sophie y yo al mando del hostal y las tierras. Si, podeis empezar a llamarme y tratarme como a un terrateniente, y pienso usar mi derecho de pernada. Me he encargado un sombrero de copa y un monóculo (he dicho culo, jijijjiji), con el que hacerme el interesante delante de las jovencitas. Y me he comprado gomina, para hacerme tirabuzones en el bigote, pues es bien sabido, que el bigote define a todo hombre de bien. Verás la cara de envidia de todos los pueblerinos, cuando me vean entrar al pueblo llevando las riendas de mi fabuloso poni (hasta que no encuentre al puto unicornio, habrá que conformarse), van a rendirse todos a mis lustrosos pies.

Y nada más que añadir, pues estos próximos días colgaré otras tontás ocurridas en esta semana agrícola.

Ña!

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4 comentarios en “Felicidad sin dinero

  1. Anónimo

    el viaje se esta poniendo interesante…y en referencia a tu vision hippie en la granja…me gustaria aprovechar para que los pobres mortales que seguimos en el mundo real nos preguntemos….quien cree que el proximo cambio de “look” van a ser unas rastas??…por favor; hagan sus apuestas
    la gallina

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    1. Nah, el cambio será de vestuario. Toga blanca, con ribetes azules haciendo tirabuzones en el cuello (abierto, por supuesto, mostrando pelos). Y collar de flores, que recogeré cada mañana, cuando todavía estén mojadas por el rocío que nos envía cada nuevo día la Pacha Mama.

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  2. Anónimo

    totalmente. venía leyendo y pensé: mierda, se hizo hippie. después lo explicitaste y me tranquilicé.
    estos posts me dan unas ganas de viajar y de tirar todo a la mierda que ni te cuento.

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